Tour San Miguel, San Pío y Pompeya - Viaje del Monje
Tour de la Purificación

San Miguel, San Pío
y Pompeya

Pernoctaremos en la maravillosa Nápoles visitando 3 lugares super importantes para el Catolicismo

Este tour lo llamaría “Tour de la Purificación”, con alojamiento en la maravillosa Nápoles.

Aquí se mezcla lo Sagrado con el arte y la arqueología. Veremos de cerca al fundador de uno de los centros más importantes del culto mariano en Italia: el Santuario de la Beata María Virgen del Santo Rosario, fundado por el ilustre abogado Bartolo Longo, ex satanista.

Bartolo Longo llega a la santidad después de un largo periodo de desorientación espiritual; luego regresa a Dios siguiendo el camino de la caridad, del amor a María y de la oración del Rosario. Como Juan al pie de la cruz, Bartolo Longo da a María una “casa”: el Santuario de Pompeya, en una tierra desolada, pobre y marcada por la mala fama.

Pompeya y San Bartolo Longo

Fundador del Santuario de Pompeya

Este aquí es el camino que él recorre día tras día hasta el momento en el cual, incluso después de incomprensiones e injustas maledicencias, deviene Caballero del Santo Sepulcro de Jerusalén. Bartolo Longo no era un caballero por adquisición dinástica, ni por adquisición de título; lo devino porque conservó indeleble memoria de la Redención, aquello que cada Caballero y Dama del Santo Sepulcro no debería jamás olvidar En el 1925, recurriendo el 50° aniversario de la llegada a Pompeya del cuadro de la Virgen del Rosario, Pío XI, Gran Maestro de la Orden, decidió de conferirle la onorificenza de Caballero de Gran Cruz

San Bartolo Longo - Fundador de Pompeya

Bartolo Longo, nacido en 1841 en Latiano (Brasil), de padre médico y madre en segundas nupcias, ingresó a los seis años en el colegio escolapio de Francavilla Fontana, donde se enfatizaba la devoción mariana. Allí, Bartolo comenzó a rezar el rosario a diario. En 1851, a los 53 años, falleció su padre, y dos años después, su madre, abogada, se volvió a casar. Bartolo dejó el colegio en 1858, y en junio de ese año, la Facultad de Letras y Filosofía de Nápoles le otorgó el primer grado de aprobación para que pudiera presentarse a los exámenes de doctorado en cualquier facultad y recibir instrucción básica en gramática. Su familia lo envió a estudiar privadamente a Brindisi y luego a Lecce, donde, en 1859, aprobó el examen de filosofía, que le permitió inscribirse en la Facultad de Derecho de la Universidad de Nápoles en 1862. Mientras estudiaba allí, vivió una vida llena de fiestas, reuniones sociales, pequeños amoríos diversos, bailes, reuniones con amigos y largos paseos.

Adhesión al espiritualismo

En el mundo académico napolitano de la época, existía un fuerte anticlericalismo, que gradualmente se extendió también a Bartolo. La lectura de la famosa obra del francés Ernest Renan, Vida de Jesús (1863), lo conmocionó profundamente y puso en duda la educación religiosa que había recibido. Impulsado por cierta curiosidad y la búsqueda de algo que pudiera calmar su angustia interior, Bartolo se dejó seducir por el misterio, lo oculto, lo arcano, y se acercó al espiritismo. Comenzó a frecuentar sus círculos y quedó tan cautivado que, además de abandonar la Iglesia, también se convirtió en un "sacerdote" del espiritismo. Los prolongados ayunos a los que se sometió para comprender cada vez mejor las oscuras intrigas dañaron su salud física y mental, causándole una profunda depresión. A pesar de ello, en diciembre de 1864 logró graduarse, pero sin encontrar paz.

El punto de inflexión

Bartolo conversó sobre su situación con su amigo y profesor Vincenzo Pepe, quien le presentó al padre dominico Alberto Radente, experto director espiritual que se convirtió en una figura clave en el proceso que lo llevó a cambiar de vida. Gradualmente, lo alejó de las prácticas esotéricas y lo instruyó, aclarando las dudas que le habían surgido tras leer la Vida de Jesús de Renan. Después de casi un mes, Bartolo regresó a la Eucaristía, retomando la vida cristiana.

En abril de 1867, se formó como abogado penalista en Lecce y en pocos meses obtuvo el título de fiscal del Tribunal de Apelación. Pero su trabajo en los tribunales penales no le satisfizo, así que decidió abandonarlo para dedicarse a obras de caridad y al estudio religioso. Regresó a Nápoles, invitado por Pepe, y profundizó su formación teológica y religiosa con el redentorista Emanuele Ribera y el jesuita Carlo Rossi. Tras conocer al Padre Ludovico da Casoria (canonizado en 2014), siguió sus pasos, prestando asistencia moral y espiritual a los enfermos del Hospital de Incurables. Mientras tanto, comenzó a asistir a la comunidad religiosa que Caterina Volpicelli (canonizada en 2009) había inaugurado en Nápoles. Allí conoció a la Condesa Marianna Farnararo De Fusco, una mujer profundamente comprometida con las obras de caridad y asistencia social.

Gracias a estos encuentros, Bartolo sintió un fuerte deseo de redimir el tiempo dedicado al espiritualismo y comenzó a buscar una forma más profunda de vivir la fe cristiana, dedicándose al apostolado. Para aprovechar mejor la capacidad de la prensa para difundir el conocimiento, comenzó a estudiar italiano, latín y los fundamentos del cristianismo. En 1870, se dedicó a la filosofía y, al mismo tiempo, continuó perfeccionando sus estudios teológicos, siempre comprometido con ejercicios ascéticos y obras de caridad.

Dividido entre el deseo de convertirse en fraile y el de continuar su labor apostólica como laico, siguiendo el consejo del Padre Alberto Radente, decidió ingresar en la Tercera Orden Dominicana (1871). Mientras tanto, continuó frecuentando la casa de la Condesa De Fusco, quien había enviudado, con tan solo 27 años, del Conde Albenzio De Fusco, un rico terrateniente del Valle de Pompeya.

Santuario Pompeya: los frutos fecundos de la conversión

En octubre de 1872, la condesa le confió la administración de sus propiedades en este valle. Bartolo quedó impresionado por las miserables condiciones en las que vivían los habitantes, afligidos también por los prejuicios y la ignorancia religiosa. Comprendió mejor su vocación y comenzó a trabajar para poner en práctica las enseñanzas morales y religiosas recibidas de sus maestros. Comenzó su misión difundiendo la devoción al santo rosario. En particular, fundó una cofradía (1876) que, mediante el rezo del rosario, acompañaba y amparaba a las almas de los difuntos.

Mientras tanto, envió una imagen de la Virgen del Rosario a Pompeya (1875), que él mismo había restaurado. Luego, por invitación del obispo de Nola, comenzó a recaudar fondos para la construcción de una iglesia dedicada a la Virgen. Las donaciones aumentaron gracias a los milagros atribuidos a la imagen de la Virgen. La primera piedra de la iglesia se colocó el 8 de mayo de 1876, y el nuevo templo se consagró en mayo de 1891. La fachada del Santuario se inauguró diez años después.

Para fomentar la práctica del rosario, Bartolo publicó el folleto Los Quince Sábados (1877), que tuvo numerosas ediciones. Posteriormente, dio a conocer su proyecto apostólico mediante la publicación de textos, cartas, panfletos y oraciones. En 1884, le llegó el turno a El Rosario y la Nueva Pompeya (aún distribuido por todo el mundo), que dio a conocer la intensa labor apostólica y social realizada en aquellos años, especialmente en favor de las clases sociales más desfavorecidas, incluyendo a los presos.

En 1885, se casó con la condesa De Fusco, quien lo apoyó en sus actividades caritativas. Ese mismo año, emprendió un viaje por Italia para promover sus obras sociales: en Turín, en particular, entró en contacto con Don Bosco y las obras sociales de Murialdo y Cottolengo. Todos estos contactos fueron fuente de inspiración para sus labores apostólicas y sociales en el Valle de Pompeya.

En 1891, hizo un llamamiento a los devotos de la Virgen para que establecieran un proyecto de bienestar para los hijos de los presos y, en 1892, dio la bienvenida a su primer hijo y colocó la primera piedra de la Opera dei Carcerati. El evento despertó un gran interés en la prensa y, además de los aplausos, no faltaron las críticas de los positivistas, en particular de Cesare Lombroso, fundador de la antropología criminal. Bartolo lo refutó respondiendo en el mismo nivel y siguiendo un procedimiento analítico experimental. Para la dirección de la Obra de los Hijos de los Presos, recurrió al sucesor de Bosco, Don Michele Rua (1902), pero las negociaciones no prosperaron (hemos escrito sobre ello personalmente). La dirección, a partir de 1907, fue asumida por los Hermanos de las Escuelas Cristianas de San Juan Bautista de La Salle.

En 1893, Bartolo donó el santuario de Pompeya al papa León XIII, quien tomó la obra bajo su jurisdicción y confió su administración a los Longo. En 1906, Longo cedió todas las obras de Pompeya al papa Pío X, para disipar cualquier sospecha sobre él y su esposa De Fusco. Finalmente, en 1916, también cedió la propiedad literaria de todas sus publicaciones al papa.

En 1897, fundó la Congregación de las Hermanas Dominicas "Hijas del Santo Rosario de Pompeya", que se hizo cargo del orfanato de niñas existente. Posteriormente, también les confió el Instituto para las hijas de los presos.

Los últimos años y la beatificación

Enviudó en 1924, y se desató una ardua batalla legal entre la familia Longo y la familia De Fusco por unas propiedades en el Valle de Pompeya. Longo, profundamente amargado, se retiró a Latiano. Regresó a Pompeya solo al año siguiente, recibido con alegría por los pompeyanos, pero sin poseer nada. En 1925, Pío XI le concedió la Gran Cruz del Santo Sepulcro. En los últimos meses de su vida, Bartolo disfrutó de la amistad del médico Giuseppe Moscati (canonizado en 1987), quien lo asistió en su muerte (5 de octubre de 1926).

Beatificado por el papa Juan Pablo II en 1980, Bartolo Longo fue un instrumento de la providencia para la defensa y el testimonio de la fe cristiana y para la exaltación de la Santísima Virgen María durante un doloroso período de escepticismo y anticlericalismo. Llevó a cabo con intrépida valentía una obra grandiosa que aún hoy nos deja asombrados y admirados. Se le puede definir como «el hombre de la Virgen»: por amor a María se convirtió en escritor, apóstol del Evangelio, propagador del rosario, fundador del famoso santuario, creador de instituciones de caridad, mendigo de los hijos de los pobres por amor a María, y soportó en silencio las tribulaciones y la calumnia.

Santuario de Pompeya

El Santuario de Pompeya es uno de los lugares de peregrinación mariana más importantes del mundo, fundado por el Beato Bartolo Longo en el siglo XIX. Este magnífico templo alberga la venerada imagen de la Virgen del Rosario y es testimonio de la fe y dedicación de su fundador.

La construcción del santuario comenzó en 1876 con la primera piedra, y el templo fue consagrado en mayo de 1891. La fachada del Santuario se inauguró diez años después, completando esta obra monumental de fe y devoción mariana.

Hoy en día, el Santuario de Pompeya continúa siendo un faro de esperanza y espiritualidad, atrayendo a millones de peregrinos cada año que vienen a rezar ante la Virgen del Rosario y a experimentar la paz y la gracia de este lugar sagrado.

Imagen ampliada

Excavaciones de Pompeya

Testimonio de la Vida Romana

Después de la visita del Santuario a pocos pasos encontramos Las Excavaciones de Pompeya donde se pueden apreciar casas y calles romanas, son una de las mejores testimonios de la vida romana, así como la ciudad mejor conservada de aquella época, una experiencia verdaderamente impactante que merece verdaderamente ser vista. El sitio arqueológico cubre un área muy vasta y servirían días para visitarla toda, durante el recorrido es fácil toparse con obstáculos como escalones altos y calles desconexas marcadas por el pasaje de los carros. Visitar Pompeya podría ser muy cansador para personas ancianas o quien no es acostumbrado a hacer ejercicio.

Pompeya - La Erupción del Vesubio

La terrible erupción del Vesubio que sepultó Pompeya el 79 d.C. ha dejado a los pósteros la posibilidad de apreciar y visitar la Ciudad así como se presentaba a los antiguos habitantes poco antes de la catástrofe. Los pompeyanos no sabían que el "monte Vesubio" fuese un volcán. Plinio el Joven, huésped en la casa de su tío Plinio el Viejo, historiador, científico y comandante de la base naval de Miseno, nos ha dejado un precioso documento que describe los días de la erupción.

Primera carta de Plinio el Joven a Tácito

Plinio el Joven era huésped en la casa de su tío Plinio el Viejo, historiador científico y hombre del saber enciclopédico, que era el comandante de la base naval de Miseno. En seguida otro gran escritor de historia, Tácito, pidió a Plinio el Joven de hacerle saber aquello que había sucedido.

Mi tío se encontraba en Miseno donde comandaba la flota. El 24 agosto, en la primera tarde, mi madre atrajo su atención sobre una nube de extraordinaria forma y grandeza.

Él había hecho el baño de sol, luego aquel de agua fría, se había hecho servir un desayuno en cama y en aquel momento estaba estudiando. Habiéndose hecho traer los zapatos se dirigió sobre un lugar elevado de donde se podía muy bien contemplar el fenómeno.

Una nube se elevaba en alto, y era de tal forma y aspecto de no poder ser comparada a ningún árbol mejor que a un pino. De hecho, enderezándose como sobre un tronco altísimo, se alargaba luego en una especie de ramificación; y esto porque, supongo yo, alzada por el viento propio en el tiempo en el cual ella se formaba, luego, al ceder del viento, abandonada a sí o vencida por su mismo peso, se difundía ampliamente por el aire disolviéndose poco a poco, ahora cándida, ahora sórdida y manchada, según que portase consigo tierra o ceniza. A mi tío, que era hombre doctísimo, todo esto pareció un fenómeno importante y digno de ser observado más de cerca, por lo cual ordenó que se preparase una liburnica ofreciéndome si quería, de ir con él. Respondí que prefería estudiar: había sido él mismo, de hecho, a asignarme algo que escribir. Mientras salía de casa le vino entregado un billete de Retina, mujer de Casco, la cual, asustada del inminente peligro (porque su villa estaba en bajo y ya no había otra vía de escape que montar sobre una nave), le suplicaba de liberarla de una situación así tremenda.

Mi tío entonces modificó su plan y cumplió con heroico coraje aquello que se había aprestado a hacer por razones de estudio. Dio orden de poner en mar las cuatrirremes y subió él mismo con la intención de correr en ayuda no solo de Retina, sino de muchos otros, porque aquella amenísima costa era densamente poblada. Con gran prisa se dirigió allá, de donde los otros huían, navegando derecho teniendo el timón hacia el lugar del peligro con ánimo así impávido de dictar o anotar él mismo cada nueva fase y cada aspecto de aquel terrible flagelo, como se le venía presentando a la mirada.

Ya la ceniza caía sobre las naves tanto más caliente y espesa cuanto más ellas se acercaban; ya caían también pómez y piedras negras, ardiendo y trituradas por el fuego; luego improvisamente se encontraron en aguas bajas y la orilla por los pedruscos rodados abajo del monte había devenido inaccesible. Él permaneció un momento incierto si debiese volver atrás. Luego, al piloto que lo aconsejaba, dijo: "La fortuna ayuda a los audaces; dirige la proa hacia la villa de Pomponiano en Stabiae!".

Esta localidad estaba sobre la otra parte del golfo (porque la costa, girando y curvándose gradualmente, forma una ensenada que el mar invade con sus aguas). Allí, cuando el peligro no era todavía inminente, pero había sido visto y, creciendo, se había hecho más cercano, Pomponiano había embarcado sus equipajes, decidido a huir en el caso el viento contrario se aquietase. El viento favorecía en sumo grado la navegación de mi tío, el cual, apenas llegado, abraza al amigo tembloroso, lo conforta, lo alienta y, para calmar la agitación con el ejemplo de la propia tranquilidad de ánimo, se hace llevar al baño; después de haberse lavado, se pone a la mesa y almuerza tranquilamente o, cosa igualmente grande, en aspecto de persona serena.

Entretanto sobre más partes del Vesubio resplandecían anchas franjas de fuego y altos incendios, cuyo resplandor y cuya luz venían aumentados por la oscuridad de la noche. El tío, para liberar los ánimos del miedo, iba diciendo que aquellos que ardían eran fuegos dejados encendidos por los campesinos en su fuga precipitosa, y villas abandonadas que quemaban en la soledad. Luego se puso a dormir, y durmió verdaderamente puesto que la respiración, muy grave y sonora por la gordura del cuerpo, era oída por todos aquellos que pasaban delante a la puerta de su cámara. Pero el plano del patio, a causa de la gran cantidad de ceniza mixta a piedras pómez de la cual había sido llenado, se había tan alzado que el tío, si hubiese permanecido más a lo largo en la cámara de cama, no habría podido salir de ella.

Despertado vino fuera y se unió a Pomponiano y a los otros que habían transcurrido toda la noche sin cerrar ojo. Se consultaron si debiesen permanecer en casa o tentar de salir a lo abierto: de hecho por frecuentes y largos terremotos la casa temblaba y daba la impresión de oscilar en un sentido o en el otro como sacudida de los fundamentos. Estando pero a lo abierto había de temer la caída de las piedras pómez, incluso si estas son ligeras y porosas. Al final confrontados los peligros, fue escogido este último partido. Prevaleció en mi tío la más razonable de las dos soluciones, en los otros en cambio el más fuerte de los temores.

Se pusieron de los cojines sobre la cabeza y los ligaron con pañuelos: y esto sirvió a ellos por protección contra las piedras que caían desde lo alto. Mientras en otra parte hacía día, allí era noche, más oscura y más espesa de todas las otras noches, si bien fuese aclarada por llamas y resplandores. Fue decidido de dirigirse a la playa para ver de cerca si fuese posible ponerse en mar; pero el mar era todavía peligroso porque agitado por la tempestad. Entonces fue extendida una sábana por tierra y mi tío se recostó sobre ella, luego pidió más veces agua fresca de beber. En seguida las llamas y un olor de azufre anunciador del fuego constriñó a los otros de huir y a él de alzarse. Se tiró arriba apoyándose a dos esclavos, pero recayó pronto a tierra. Según mí, el aire demasiado impregnado de ceniza debe haberle impedido el respiro obstruyéndole la garganta, que por naturaleza era débil, angosta y sujeta a frecuentes inflamaciones. Cuando el día después volvió a resplandecer (era el tercero de aquel que él había visto por la última vez), su cuerpo fue encontrado intacto, ileso, cubierto por las mismísimas vestiduras que tenía puestas al momento de la partida; el aspecto era aquel de un hombre adormecido, más bien que de un muerto.

Versión traducida del latino de Plinio Cayo Graco.

Los terremotos que habían precedido la erupción no insospecharon a los pompeyanos que estaban todavía ocupados en el restauro de los edificios golpeados por el fuerte sismo de 17 años antes. Pompeya, junto a las ciudades vecinas de Stabia, Herculano y Oplontis ofrece al visitador contemporáneo una sugestiva e inigualable experiencia. Pasear entre las calles y los callejones, asomarse en las varias casas y oficios, visitar los templos y las termas de 2000 años ha en un área de más de 66 hectáreas ... es posible hacerlo solo en Pompeya.

Basílica Celeste de San Miguel Arcángel

"Casa de Dios y puerta del cielo"

Era el año 492 de la era cristiana cuando sobre el Gargano, rudo e imponente macizo que se eleva como al improviso sobre el tablaje apuliano, a aquel tiempo prácticamente inaccesible por sus barrancos escarpados y los bosques intrincados, eventos milagrosos e inexplicables marcaron el inicio de una historia de fe y de historia cuya fama y cuyos portentos muy pronto se irradiaron por todas partes y todavía hoy, más allá de los hechos históricos importantes acaecidos y de las imponentes bellezas artísticas, continúan especialmente a narrar al mundo entero, a través de incesantes y conmovidos testimonios, las maravillas cumplidas por el Señor.

Miguel, el Arcángel vencedor del demonio, aquel que había llenado de su presencia tranquilizadora y protectora las más importantes vicisitudes del pueblo hebraico y de los albores de la Iglesia oriental, cuna del Cristianismo, apareció al Obispo de la antigua diócesis de Siponto, fundada por el apóstol Pedro, revelándole el arcano de un lugar inaccesible y misterioso que, por voluntad de Dios, había sido designado a su privilegiada morada terrenal: "Yo soy el Arcángel Miguel ….. Esta es una morada muy particular puesto que, donde se abre la caverna en toda su amplitud, propio allí vendrán disueltos los vínculos consecuentes a cada género de pecado cometido."

Historia del Santuario

Primitivo templo pagano

La inmensa caverna calcárea, teniendo presente el sitio, la estructura y la amplitud, debió ser ya en edad griega y romana un lugar de culto. El historiador Estrabón habla, refiriéndose probablemente a ella, de un templo dedicado al dios Calcante, mítico adivino, sacerdote de Apolo. Aquí acudían los fieles para pedir las respuestas, a menudo transcurriendo las noches envueltos en las pieles de los animales sacrificados. Es probable que allí se adorase también al mismo Apolo, divinidad pagana simbolizante la luz y representada con el aspecto juvenil, de rara belleza.

Edad prelongobarda

El origen del Santuario se coloca entre el fin del V y el inicio del VI siglo cuando, como testimonia el Liber de apparitione sancti Michaelis in Monte Gargano, la iniciativa del entonces obispo de Siponto, Lorenzo Maiorano, de afanarse por extirpar el culto pagano entre los habitantes del Gargano, fue acompañada por hechos milagrosos que dieron origen al culto del Arcángel Miguel sobre el promontorio apuliano. Ello es ligado a la memoria de tres apariciones seguidas, luego, por una cuarta acaecida a distancia de muchos siglos. El Gargano, la propágine más avanzada del suelo italiano hacia el oriente, gracias también a la fama adquirida por estas apariciones, fue celosa custodia de los Bizantinos que tenían bajo su dominio todas las regiones costeras adriáticas, señaladamente aquella a ellos más cercana, es decir Apulia. En esta fase el Santuario era bien diverso de como nos aparece hoy. A la inmensa caverna se accedía en subida desde el valle llamado "de Carbonara", a través de un porticado y una galería que desembocaban literalmente en la irregular y profunda caverna. San Miguel, en esta fase histórica, era venerado como el sanador de las enfermedades y aquel que presenta las almas de los difuntos al trono divino. Famosa la así llamada "stilla": un agua milagrosa que, según los relatos, destilaba de las rocas de la caverna y curaba cada suerte de males.

Edad longobarda

En razón del hecho que el Santuario encauzaba el interés de las diversas fuerzas que actuaban en la Italia meridional, entre el VI y el VII siglo, él asumió una precisa connotación que se entrelazó estrechamente con la historia de los Lombardos. El Santuario de San Miguel se caracterizó por un preciso rol de mediación entre la promoción de una fe popular y el consolidarse de una política religiosa: deviniendo el sacrario nacional de los Lombardos que veían en el Arcángel la figura ideal de dios guerrero protector. La Basílica fue objeto de imponentes trabajos de reestructuración y ampliación que embellecieron e hicieron más funcional su estructura. El santuario fue insertado en un circuito de peregrinajes y devino meta de numerosísimos fieles provenientes también de las regiones más septentrionales de Europa, como es testimoniado por las diversas inscripciones incisas sobre los muros de los ingresos, algunas incluso a carácter "rúnico".

Edad medieval

Entre el fin del IX y los inicios del X siglo, se registran varios ataques por parte de los Sarracenos, el más grave de los cuales conducido en el 869. Probablemente en seguida a tal incursión, el Santuario fue seriamente dañado. El emperador Ludovico (825 – 875) intervino poco después proveyendo a Aione, arzobispo de Benevento – de quien dependía la Basílica – los medios para restaurar las "ruinas" de la Iglesia angélica. Fue en esta circunstancia que se realizaron las decoraciones a fresco de las muraturas, los arcos y los pilares de la escalinata monumental que conducía al altar de las "Improntas". Pero más tarde, entre el X y el XI siglo, el Santuario se encontró a ser nuevamente bajo el dominio Bizantino (segunda helenización). Los primeros Normandos venidos en Italia, muy pronto, se empujaron hacia el Gargano y aquí estrecharon alianza con el caudillo Melo de Bari para ahuyentar a los Bizantinos de Apulia. Comenzó, así, el periodo normando durante el cual la Ciudad de Monte Sant'Angelo recibió un singular privilegio: vino definida "Señoría del honor" y gozó de innumerables diplomas y exenciones. Casi ciertamente, ya a la mitad del siglo XI, bajo la égida de Roberto el Guiscardo, se proveyó a una más articulada reestructuración y reorganización de la Iglesia Gruta. Muchos indicios autorizan a imaginar un ordenamiento afín a aquel actual en el cual insertar el ingreso monumental, las puertas de bronce y, quizás, los enseres marmóreos. Entretanto el centro habitado crecía y se alargaba, fuerte también de su posición elevada, estratégicamente importante. El suabo Federico II vino a menudo a morar allí con su corte fastuosa. La leyenda quiere que en el imponente castillo de Monte Sant'Angelo el "Puer Apuliae" haya generado Manfredo de Blanca Lancia. Él, sin embargo, no desdeñó de saquear el mismo Santuario pero luego, arrepentido, donó un relicario con un trozo de la Santa Cruz que había adquirido en la cruzada en Tierra Santa por él conducida.

Edad Angioina

Entre la segunda mitad del XIII siglo y los primeros decenios del XIV el complejo de San Miguel Arcángel sufrió una imponente obra de transformación promovida y realizada por los soberanos angevinos que tenían el Santuario bajo su especial protección. Por voluntad de Carlos I de Anjou la conexión entre la Gruta y el centro habitado de Monte Sant'Angelo, dominado por el grupo de edificios en torno a Santa María Mayor, vino rendido más ágil ampliando y prolongando de algunas rampas la escalinata en parte ya existente. A él se deben el actual ordenamiento del Santuario (con una audaz operación que cortaba a mitad la gruta, relegando en el subsuelo los antiguos ingresos bizantino-lombardos) y el acceso "en bajada" desde el lado sur a través de una amplia escalinata marcada por grandes arcadas laterales. Comisionó la gran nave, subdividida en tres tramos, adosada a la Gruta, en cuyo ábside se encuentra el altar barroco de fin Seiscientos. A Carlos se debe también la construcción, iniciada en el 1274, del gran campanario, erigido por agradecimiento de la conquista de la Italia meridional, obra de los arquitectos Jordano y Maraldo de Monte Sant'Angelo, y que reclama extraordinariamente las torres del federiciano Castel del Monte. Los sucesores de Carlos I llevaron a cumplimiento el ordenamiento ya iniciado. En la Basílica fue bautizado rey Carlos III de Durazzo, nacido propio en el castillo de Monte Sant'Angelo.

Edad moderna

Durante el XVII siglo la ciudad de Monte Sant'Angelo deviene el centro más importante del Gargano. El Santuario registra un número siempre mayor de presencias por parte de fieles y devotos de cada extracción social.

El atrio antistante el ingreso de la Basílica, que en el curso de los siglos fue abarrotado de edificios, tomó el nombre de "atrio de la columna", por la presencia de una columna a cuya cima había una estatua de San Miguel. Tal estatua vino removida en ocasión del reordenamiento de la explanada, acaecida en el 1865, en seguida a la cual nació la fachada a dos arcadas, de la cual la izquierda es una recuperación en estilo de aquella originaria. En el 1872 la Basílica fue definitivamente reconocida capilla palatina, es decir dependiente directamente de la autoridad real, y sus sacerdotes tuvieron el título de "capellanes de la real casa" hasta el Concordato del 1929. Desde el 1970 al 1996 el Santuario fue oficiado por los monjes Benedictinos y actualmente por la Congregación de San Miguel Arcángel a la cual se debe, en el 1999, la construcción de la capilla penitencial que acoge elementos de la antigua roca sobre los cuales campea un espléndido crucifijo lígneo del XIV-XV siglo. A aquella que viene comúnmente indicada como "Basílica Celeste", en cuanto no consagrada por los hombres, sino por el mismo Arcángel, con decreto oficial de la Iglesia le ha sido concedido "para siempre" el privilegio del PERDÓN ANGÉLICO. Desde el 1997, de hecho, los visitadores confesados y comulgados adquieren la indulgencia plenaria recitando el Padre nuestro y el Credo y rezando por el Papa.

Criptas y Museos

Las Criptas Longobardas

La presencia del Arcángel Miguel sobre el Gargano se concreta particularmente en la sugestiva y mística atmósfera de la primitiva gruta natural. El tiempo y las vicisitudes históricas han, sin embargo, incidido profundamente sobre este sitio religioso surgido sobre un macizo solitario y poco hospitalario. En torno a la sede natural, oportunamente dejada intacta en su genuina y envolvente desnudez, un complejo de fábricas adyacentes, remontante a épocas y comitentes diversos, lo han rendido siempre más y mejor utilizable y acogedor. Fieles y estimadores de varias civilizaciones y épocas históricas, además, reconociendo las altas prerrogativas y la dignidad del más importante entre los Espíritus Celestiales ne han embellecido esta su morada terrenal con donaciones incluso muy significativas desde el punto de vista de la historia y del arte. De consecuencia, un precioso patrimonio se ofrece hoy a la admiración del devoto y del visitador, no obstante numerosos saqueos y despojos padecidos por el Santuario durante las alternas vicisitudes desarrolladas en más de 1500 años. Tesoros del culto micaélico (TECUM) son la Gruta, las Fábricas anexas, el Museo Devocional, el Museo Lapidario, las Criptas Lombardas.

El visitador tiene, pues, la extraordinaria y rara oportunidad de admirar piedras y tabletas de madera custodiadas con la misma cura de las joyas preciosas, de rastrear los signos de una historia escrita junto por humildes y desconocidos peregrinos y por potentes reyes. Una historia que cuenta de un amor y de una fe incondicionados hacia el Príncipe de los ejércitos celestes.

De particular importancia son las "riquezas" últimamente rendidas utilizables a los estudiosos y visitadores que vienen a completar el cuadro santuarial de conjunto, presentando visualmente su evolucionar, sea desde el punto de vista del sitio arquitectónico, directa consecuencia de las vicisitudes históricas, sea desde aquel de las formas de fe y de devoción en sus epocales mutaciones.

Los ambientes de las así llamadas "criptas longobardas" han retornado a la luz en seguida a las excavaciones promovidas por el Archidiácono del Capítulo, mons. Nicola Quitadamo en los años 1949‑1955 y constituían el primitivo núcleo de la obra del hombre en torno a la gruta natural. Ellos fueron definitivamente abandonados en la segunda mitad del XIII siglo, cuando los Angevinos, con las nuevas construcciones, dieron al Santuario el actual ordenamiento "en bajada" para adecuar el ingreso al sitio poco distante sobre el cual había surgido el núcleo habitado. Así las precedentes obras fueron ocultadas bajo el nuevo plano de pisoteo.

El Museo Lapidario

En la sugestiva galería lombarda es hospedado el Museo Lapidario, patrimonio de la Basílica, que recoge más de 200 manufactos escultóricos de vario tipo provenientes de las excavaciones del Santuario y de algunos monumentos de la ciudad de Monte Sant'Angelo: la ex iglesia de S. Pedro, el Baptisterio de San Juan in Tumba, la abadía de S. María de Pulsano y el complejo monástico de los Celestinos. El nuevo ordenamiento, realizado en el 2015, se funda sobre los más recientes criterios de museología que permiten al material arquitectónico-decorativo, por cuanto lejano del propio contexto de origen, de readquirir un valor de conjunto. La disposición ha sido pensada para ofrecer al visitador un número conspicuo de hallazgos, evidenciando al tiempo mismo aquellos de mayor relevancia histórica y peculiaridades artísticas, en modo de predisponer a una lectura atenta y envolvente. El intento ha sido aquel de poner al centro del recorrido el visitador, permitiéndole de revivir la historia a través de los lugares, que también no alcanza físicamente. El Museo Lapidario es un precioso depósito abierto al público. La dotación es organizada en estanterías y expositores y la simplicidad organizativa consiente una ágil lectura de los ambientes y de los hallazgos.

El Museo Devocional

El Corpus de los Tesoros del Culto Micaélico (TECUM) cuenta entre sus interesantes atractivos particularmente el Museo Devocional, reordenado en el 2008 en ambientes capaces e idóneos, realizados a propósito. Ello custodia todo aquello que hoy pertenece a la Basílica: un tesoro que reconoce el mismo valor a paramentos, enseres litúrgicos, tabletas votivas, platas, oros y objetos de uso cotidiano y reconoce la misma dignidad de oferentes a los papas y a los fieles, a los emperadores y a sus súbditos. Ni siquiera los Franceses, los cuales saquearon en el 1799 todo lo posible, lograron a anular y destruir este precioso patrimonio de testimonios de una fe que continuamente se vivifica y se renueva entre las generaciones y se manifiesta con el valor del don tangible y duradero. La disposición hodierna dibuja un doble recorrido circular, casi una espiral. Los enseres litúrgicos, las platas, los paramentos expuestos representan todo aquello que resta de una historia de donaciones y despojos, que de un lado vio a emperadores, papas, obispos, reyes llevar dones preciosos y, del otro, la alternancia de los dolorosos saqueos.

Sagrada Foresta Umbra

La Foresta Umbra es un lugar extraordinario y fuera del tiempo. Representa el corazón verde pulsante del Parque Nacional del Gargano. Ostenta más allá de 2000 especies vegetales diferentes y es considerada la más extensa foresta de latifolias presente sobre el territorio italiano. La fauna es caracterizada por jabalíes, picos y corzos, y no faltan también ejemplares de gamos y gatos salvajes. Desde algunos años ha vuelto a poblar este territorio también el lobo; entre los pájaros, numerosos son los rapaces entre los cuales el búho real. En el 2017, ha sido reconocida Patrimonio UNESCO por sus vetustas hayedos. La tradición popular tramanda una antigua leyenda concerniente un gigantesco arce milenario, situado en el punto más sacro de la foresta. Tal lugar era venerado y temido. Este lugar era dominio de la ninfa Gargara o Gargana, numen tutelar de la foresta. Un día, la joven y bellísima muchacha vino acechada tiempo de noche por un sátiro. La Foresta Umbra, despertada por los gritos de la muchacha en fuga, acudió con sus animales en defensa de la ninfa. El emprendedor sátiro Virdio, humillado por el rechazo, juró venganza e imploró al dios Júpiter, su padre, a fin de que transformase la muchacha en un arce. Y así sucedió. El árbol vivió millares de años, deviniendo enorme y perfumado. A su guardia restó el sátiro enamorado, que desde entonces fue llamado "el rey del bosque". Ninguno osaba tocar la planta protegida, porque se decía que el solo cortar un ramo portase mala suerte y desatase la ira de su custodio. Sin embargo, era posible recoger los flores caídos sobre el terreno para preparar un infuso mágico, en grado de aplacar las pesadillas nocturnas. Este árbol legendario fue llamado por las poblaciones, que vivían a los márgenes de la foresta, "Millacero", el arce milenario. Anna Lucía Di Nauta, bióloga y estudiosa de herboristería, nos cuenta además que observando el fenómeno de la floración del arce en la primerísima primavera (marzo – abril) y la precoz maduración de la simiente alada (sámara) se puede casi intuir, en el símbolo mitológico del Gargano, una prisa de vivir y el coraje de vencer el miedo. He aquí explicado el uso de sus flores como remedio cuando no nos sentimos tranquilos o se tiene simplemente temor de la oscuridad, como sucede de costumbre a los niños. De hecho, el potencial positivo liberado por los principios oficinales del arce permitía de afrontar con mayor calma, la angustia de lo ignoto. La fábula del Millacero parte, por tanto, desde ritos fitoterapéuticos remotos. Millares de años ha el Gargano era cubierto por exuberantes forestas, cuyas pocas calveros debían aparecer como islas en un océano de verde. Tales calveros representaban verdaderos y propios templos a cielo abierto bajo la bóveda celeste. El emperador Federico II de Suabia (1194 – 1250), muchos siglos después, restó fascinado por este paisaje, donde el culto del mundo vegetal ha siempre tenido un rol de primer plano. A tal respecto, los viejos campesinos del Promontorio en el recoger las plantas medicinales usaban determinados artificios, para reforzar su eficacia curativa. En cambio, las abuelas cuentan que, una vez, las mujeres encintas solían abrazar el olivo para augurarse de obtener un parto más fácil. Es propio de estas antiguas creencias que nacían las bases de la medicina alternativa gargánica. Pero de esto ne hablaremos en los próximos artículos.

Ingreso y Escalinata Angevina

Ingreso Santuario

Pasando junto al campanario, uno se introduce en una amplia explanada, denominada "Atrio superior" y delineada a izquierda y de frente por un columnado con enrejadas. El prospecto del ingreso remonta al 1865 y es constituido por dos arcadas de arco apuntado, coronadas por un frontón triangular adornado de frisos. Al centro, en alto, entre dos pequeños rosetones, ha sido colocada una edícula con la estatua de San Miguel Arcángel. El ingreso de izquierda es enriquecido por una puerta de bronce historiada con paneles que reportan toda la historia del Santuario, desde los orígenes hasta el peregrinaje de Juan Pablo II acaecido en el 1987. En alto, en correspondencia de las puertas, son colocadas dos lápidas rectangulares. A derecha se lee la siguiente epígrafe: Terrible es este lugar. Aquí es la casa de Dios y la puerta del cielo. La lápida de izquierda lleva incisa una otra inscripción. Son las palabras pronunciadas por el Arcángel en la tercera aparición: NON EST VOBIS OPUS HANC QUAM AEDIFICAVI BASILICAM DEDICARE IPSE ENIM QUI CONDIDI ETIAM CONSECRAVI ("No es necesario que vosotros dediquéis esta Basílica que he edificado, puesto que yo mismo, que ne he puesto los fundamentos, la he también consagrado"). Bajo cada lápida se abre un portal de arco agudo, el más precioso de los cuales, a derecha, remonta al XIV siglo.

La Escalinata Angevina

Los dos portales superiores introducen en un vestíbulo del cual tiene inicio la escalinata que lleva hacia la mística Gruta. La construcción de esta magnífica obra remonta a la época angevina (siglo XIII). Es constituida por 86 escalones y subdividida en cinco rampas, interrumpidas por cuatro rellanos; las galerías son sostenidas por grandes arcadas góticas y por bóvedas ojivales; las paredes laterales son iluminadas por pequeñas ventanas a derrame. Las arcadas que corren a lo largo de las paredes a derecha y a izquierda delimitan las sepulturas de las antiguas familias del lugar. La escalinata termina con un portal encuadrado por columnas torsas apoyantes sobre leones y plintos llamado tradicionalmente "Puerta del toro" (del gran fresco que lo sobrestá, representando, justamente, el episodio del toro de la primera aparición). Bajo el fresco es murada una lápida marmórea en un rico marco conteniendo la siguiente inscripción: HAEC EST TOTO ORBE TERRARUM DIVI MICHAELIS ARCHANGELI CELEBERRIMA CRIPTA UBI MORTALIBUS APPARERE DIGNATUS EST HOSPES HUMI PROCUM – BENS SAXA VENERARE LOCUS ENIM IN QUO STAS TERRA SANCTA EST ("Es esta la Cripta de San Miguel Arcángel, celebérrima en todo el mundo, donde él se dignó de aparecer a los hombres. Oh peregrino, postrándote a tierra, venera estas piedras porque el lugar en el cual te encuentras es santo.")

El Altar de San Miguel Arcángel

Entre el fin del XVI siglo y la primera mitad del sucesivo, el arzobispo Domenico Ginnasio (1586 – 1607) hizo excavar el fondo de la Gruta con el intento de crear un más amplio presbiterio, cónsono a la solemnidad de las misas pontificales. En el primer decenio del Seiscientos el mismo prelado cercó con lastras de cobre "…el guijarro de la sagrada gruta en forma de Altar sobre del cual fueron halladas dos vestigios o sea pisadas, como de infante impresas en la nieve…" (Platea, 1678).

Colocada en el 1507 sobre el Altar de las Improntas, en el corazón de la Sacra Gruta, la estatua de San Miguel Arcángel, obra de altísima calidad e imagen arquetípica para la devoción, es comúnmente atribuida a Andrea Contucci, dicho también Sansovino. Esculpida en el mármol blanco de Carrara, mide 130 cm de altura. Representa el Príncipe de las milicias celestes en actitud de guerrero que pisotea a Satanás representado como un monstruo del rostro de mono, el muslo de cabra, las garras de león y la cola de serpiente. San Miguel tiene la apariencia de un adolescente, del rostro con actitud a sonrisa. El cabo es adornado por una cabellera anillada a serpentinas, a rizos, a bucles y a mechones: un unicum en su género en la historia de la escultura. El brazo izquierdo es tendido hacia el bajo. El brazo derecho, alzado, empuña una espada dispuesta transversalmente, en acto de amenaza. La posición es aquella de un soldado (viste, entre lo otro, la corta y adherente armadura de un legionario romano con un amplio manto militar) vencedor que, sin embargo, vigila a fin de que el enemigo no pueda más ser ofensivo. La espada, prelevada de la mano del Arcángel, viene llevada en solemne procesión por las vías de Monte Sant'Angelo el 29 septiembre.

Capilla Penitencial

UBI SAXA PANDUNTUR IBI PECCATA HOMINUM DIMITTUNTUR

(Donde se ensancha la roca, allí serán perdonados los pecados de los hombres)

Esta inscripción incisa sobre el arco que sobrestá las Puertas de bronce al ingreso de la Basílica y que reporta las palabras pronunciadas, según la tradición, por el mismo San Miguel al obispo San Lorenzo Maiorano en una de las apariciones, subraya una prerrogativa esencial del Santuario, ulteriormente reconocida oficialmente por la Santa Iglesia en el 1997: lugar del Perdón Angélico. Los tres escudos murados sobre el ingreso son de Papa Juan Pablo II, del Arzobispo de Manfredonia-Vieste, mons. Vincenzo d'Addario y de los Padres Micaelitas custodios del Santuario. La novísima Capilla Penitencial o "de la Reconciliación" ha sido así realizada para ofrecer a todos los peregrinos un lugar donde, en silencio y recogimiento, puedan acercarse al Sacramento de la Reconciliación y experimentar todavía una vez el perdón de Dios por los propios pecados.

La Capilla, edificada en ocasión del Jubileo del III milenio, aparece enseguida grandiosa, con la cobertura que apoya sobre una poderosa estructura de madera laminar, sostenida por las paredes revestidas de piedra local. Nueve son las vigas que la sostienen como los nueve coros angélicos. Pero aquello que golpea inmediatamente la mirada es el elemento rocoso en ella englobado. Provenientes de un antiguo patio de servicio, estas grutas, más allá de reclamar la esencia primera del Santuario, es decir la gruta calcárea del Gargano, rinden visualmente la imagen del Sepulcro vacío y de la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte.

Un significativo elemento simbólico – decorativo es constituido por la inserción de 40 pequeñas ménsulas en las paredes. Cuarenta es, de hecho, el número bíblico de la tribulación, de la prueba, de la penitencia. La Capilla se abre a acoger también las celebraciones comunitarias penitenciales para mejor preparar a los peregrinos a las confesiones individuales que ocurren en aposentos apropiados, insertadas sobre la mampostería en el lado izquierdo. Sobre de ella un gran Crucifijo se yergue a brazos abiertos desde un espolón de roca. Es aquel que se encontraba sobre la así llamada "Puerta del toro" y que, sometido a restauro y limpieza, se ha revelado una valiosa escultura en madera del XIV-XV siglo. El rostro, truncado por el dolor y privado de vida, es de una rara, intensa expresividad. Saliendo, sobre la derecha, a través de otro pasillo en subida, el "recorrido del peregrino" reporta en la escalinata angevina, a resguardo del templete de la Virgen con el Niño.

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San Pío de Pietrelcina

Padre Pío - Portador de los Estigmas

Además de una intensa experiencia espiritual se puede confesar y participar a la Santa Misa y comprar estatuas e incienso etc.

Si quieres borrar tus pecados, pedir la Intercesión del Arcángel en tu lucha y empezar un nuevo camino de Fe seré honrado de acompañarte en esta experiencia.

Una vez limpiado nuestro Corazón de las pesadilla que nos atormentaban nos dirigiremos a Pietrelcina donde nació San Pio, podremos ver el Santuario que él construyó y el lugar donde vivió y descansa El Padre Pío, también conocido como San Pío de Pietrelcina, es una de las figuras más queridas y carismáticas de la historia de la Iglesia Católica.

Llevó consigo por 50 años el Estigma de la pasión de Cristo.

El mismo decía que antes de ir a por el de pasar por el Monte Sant'angelo a visitar San Miguel.

Hay también otra iglesia que se construyó hace poco dedicada al Padre que opcionalmente se podría visitar.

San Pío de Pietrelcina - Padre Pío

El Padre Pío, también conocido como San Pío de Pietrelcina, es una de las figuras más queridas y carismáticas de la historia de la Iglesia Católica. Nacido Francesco Forgione el 25 de mayo de 1887 en Pietrelcina, un pequeño pueblo de Campania, Italia, su vida estuvo marcada por fenómenos espirituales, sufrimiento y una intensa dedicación a la fe. Desde su juventud, Francisco mostró una profunda religiosidad. Con tan sólo cinco años ya dedicaba tiempo a la oración y a la vida espiritual. Dijo que había tenido visiones celestiales y encuentros místicos con Jesús, la Virgen María y los ángeles. A los dieciséis años entró en el noviciado de los Frailes Menores Capuchinos en Morcone y el 22 de enero de 1903 tomó el nombre de Fra Pío. Fue ordenado sacerdote en 1910. El fenómeno más conocido y misterioso en la vida del Padre Pío fueron los estigmas. El 20 de septiembre de 1918, mientras rezaba ante un crucifijo en la capilla de San Giovanni Rotondo, recibió los estigmas; heridas en los mismos puntos que las heridas de Cristo en la cruz. Estas heridas sangraron durante 50 años hasta su muerte, sin infectarse ni sanar nunca

Ministerio y milagros

El Padre Pío pasó la mayor parte de su vida en San Giovanni Rotondo, donde su reputación de santidad creció rápidamente, atrayendo fieles de todo el mundo. Era conocido por su capacidad para leer el alma de las personas durante la confesión, por el don de la bilocación (estar presente en dos lugares al mismo tiempo) y por sus poderes curativos. Muchos fieles informaron de curaciones milagrosas atribuidas a su intercesión. A pesar de su creciente popularidad, la vida del Padre Pío no estuvo exenta de desafíos. La Iglesia, inicialmente escéptica ante sus fenómenos místicos y la creciente atención de los medios de comunicación, lo sometió a numerosas investigaciones y durante algunos períodos incluso se le prohibió ejercer públicamente su ministerio sacerdotal.

Canonización

En los últimos años de su vida, el Padre Pío vio realizado uno de sus grandes sueños: la construcción de un hospital en San Giovanni Rotondo, la "Casa Sollievo della Sofferenza", inaugurada en 1956. Murió el 23 de septiembre de 1968. Su A la muerte le siguió una enorme muestra de devoción. El proceso de canonización se inició inmediatamente después de su muerte. Fue beatificado en 1999 por el Papa Juan Pablo II y proclamado santo el 16 de junio de 2002. La figura del Padre Pío sigue siendo una de las más fascinantes y queridas de la Iglesia católica, símbolo de fe, esperanza y caridad para millones de devotos en todo el mundo

Santuario de San Pío de Pietrelcina

La "nueva" iglesia dedicada a Santa María de las Gracias constituye un único cuerpo con la antigua iglesita homónima. Fue erigida para ir al encuentro de las exigencias de los peregrinos que afluían siempre más numerosos a San Giovanni Rotondo. La iglesia, proyectada del arquitecto Giuseppe Gentile de Boiano (CB), fue iniciada el 2 julio 1956 y fue consagrada por el obispo de Foggia el 1 julio 1959. La nave central es dominada por un mosaico ejecutado de la escuela vaticana, representando originariamente solo la Virgen de las Gracias, obra del prof. Bedini, a la cual ha sido ahora añadida la figura de San Pío y de un ángel sobre las nubes. La reproducción en calce al mosaico de los escudos de los comunes de Pietrelcina y de San Giovanni Rotondo están a remarcar la común, inmensa alegría de las dos poblaciones por la santificación del Padre. Otros ocho mosaicos embellecen los altares de las dos naves laterales. La iglesia es rica de mármoles apreciados. En el plano subyacente hay la cripta de Padre Pío de Pietrelcina, cuyos despojos restaron en San Giovanni Rotondo para satisfacer un deseo suyo. Ellos han sido custodiados en la cripta por más allá de cuarenta años, bajo un bloque monolítico de mármol verde del Labrador a forma de sarcófago, pesado 30 quintales. A latere, una epígrafe recuerda las palabras de Padre Pío escritas a Francesco Morcaldi, síndico de San Giovanni Rotondo, que pueden ser consideradas parte de su testamento espiritual para el pueblo "predilecto" de la ciudad gargánica: "Yo recordaré siempre este pueblo generoso en mi pobre y asidua plegaria, implorando para ello paz y prosperidad y cual señal de mi predilección, nada otro pudiendo hacer, expreso mi deseo que, donde mis superiores no se opongan, mis huesos sean compuestos en un tranquilo rincón de esta tierra" (12 agosto 1923). El 19 abril 2010 la salma de Padre Pío ha sido trasladada en la cripta del nuevo santuario San Pío de Pietrelcina de Renzo Piano, en la cual hacen de estupendo marco los bellísimos mosaicos realizados por Padre Marko Rupnik.

Importante

Durante el recorrido hay varios lugares adicionales que se pueden añadir según tus intereses y preferencias. Cada parada ofrece una experiencia única y enriquecedora. Si deseas personalizar tu peregrinaje con visitas extras, estaré encantado de adaptar el itinerario para crear la experiencia espiritual perfecta para ti.

Santuario de Santa Filomena

Mugnano del Cardinale - Avellino

No existen referencias biográficas sobre Filomena, pero existe una biografía derivada de una "Revelación" escrita por sor María Luisa de Jesús (1833). Según la sor, Filomena habría sido princesa de la isla de Corfú. A 13 años se habría dirigido a Roma con los genitores para encontrar al emperador romano Diocleciano que amenazaba guerra a su país. El emperador, enamorándose de ella, le ofreció el trono de emperatriz de Roma. Filomena sin embargo, habiendo consagrado su virginidad a Cristo, rehusó la oferta y vino muerta por el emperador.

Santa Filomena - Virgen y Mártir

El Santuario

El Santuario de Santa Filomena es el principal lugar de culto católico de Mugnano del Cardinale, en provincia de Avellino. A su interior, es custodiado el cuerpo de Santa Filomena virgen y mártir desde el 10 agosto 1805. En el Santuario se encuentran las piedras sepulcrales de la Santa, el Altar milagroso y la Estatua Milagrosa, la silla de Pauline Jaricot sobre la cual estaba sentada cuando ha recibido el milagro. Es uno de los nueve santuarios de la Diócesis de Nola.

Santa Filomena

Santa Filomena ha tenido atribuido innumerables milagros y muchos han pedido su intercesión desde el hallazgo de su tumba en las más antiguas catacumbas de Santa Priscila en Roma en el 1802. Es rezada por personas de edad, cultura y posición social diversas en todo el mundo. Numerosos devotos se han confiado a su protección: la enfermiza señorita Pauline Marie Jaricot, fundadora de la "Propagación de la fe" y beatificada en Lyon el 22 mayo 2022; el joven epiléptico Giovanni Mastai Ferretti, que habría devenido Papa con el nombre de Pío IX, y luego beatificado; el tímido sacerdote Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, indicado por S. Pío X como el garante de Santa Filomena. Todos fueron perfectamente curados de sus enfermedades y hechos instrumentos de la Divina Providencia en la vida de la Iglesia, hasta los confines extremos de la tierra, Américas e Indias comprendidas.

Noticias de Santa Filomena

Noticias de SANTA FILOMENA se pueden recabar de la revelación privada que tuvo, el 3 agosto 1833, la sierva de Dios sor María Luisa de Jesús (1799-1875), su ferviente devota. La sor afirmó que Santa Filomena se le apareció mientras rezaba en su celda delante a una estatuilla suya y le contó la historia de su martirio.

Filomena era la bellísima princesa de la isla de Corfú, nacida cerca el 10 enero 290 d. C. El padre, rey de un dominio de la Grecia y la madre, de sangre real, imploraban a los numenes para que concedesasen a ellos la gracia de tener un hijo no obstante la propia esterilidad. Un médico romano cristiano, de nombre Publio, prometió a ellos la prole, si hubiesen recibido el bautismo. En efecto los cónyuges, convertidos al Cristianismo, fueron alegrados por el nacimiento de una hembra, a quien impusieron el nombre de Filomena, hija de la luz de la gracia bautismal. A la edad de 13 años el padre la llevó a Roma para encontrar al emperador Diocleciano que amenazaba guerra a su reino. Diocleciano se enamoró enseguida de Filomena y le ofreció el trono de emperatriz de Roma. Ella sin embargo a 11 años había hecho el voto de castidad a Dios y rehusó el matrimonio, no obstante el consenso de los genitores. motivo por el cual vino aprisionada. Después 37 días de cárcel se le apareció la Virgen María a anunciarle que, transcurridos 40 días, habría sido expuesta a varios martirios, saliendo sin embargo indemne. Y así fue: expuesta desnuda a la flagelación, el día sucesivo fue milagrosamente sanada; condenada al martirio de las flechas, estas volvieron atrás matando a los arqueros; atándole un ancla al cuello y arrojada en el Tíber, los Ángeles rompieron la cuerda salvándola, fin cuando Diocleciano la hizo decapitar. Era el viernes del 10 agosto del 302 d.C. cuando voló, triunfante y gloriosa, hacia el cielo. Santa Filomena de Roma es una santa cuya vida resulta ser todavía misteriosa. Sus restos vinieron hallados el 25 mayo 1802 en las catacumbas de Priscila en Roma, pero la ausencia de la escrita martyr hizo decaer la posibilidad de la muerte por martirio, como fin hasta entonces tramandado. Por este motivo vino removida del calendario de la Sacra Congregación de los Ritos en la Reforma Litúrgica en los años Sesenta, no obstante la difusión del culto y la devoción personal de varios papas y santos. Al interior de la tumba fue hallado un vasito de forma oval conteniendo la sangre de la santa. El loculo era cerrado por tres tejas de terracota, con sobre pintada la escrita Lumena pax te cum fi. Aquel que posicionó y cementó las tejas se equivocó el orden de secuencia que, en manera correcta, habría debido ser: Pax tecum Filumena, es decir «La paz sea con te, Filomena». Las tejas remontan a un periodo entre el fin del III y el inicio del IV siglo después Cristo.

I Battenti di Santa Filomena

La fecha más significativa es el 10 agosto de cada año, el día en el cual se recuerda el martirio de Santa Filomena. Los protagonistas de esta ritualidad festiva son los "battenti", fieles que emprenden descalzos un largo viaje de devoción a la Santa, batiendo continuamente los pies a tierra en modo rítmico y cadencioso. Ellos visten, siguiendo la tradición, camisetas y pantalones blancos, que representan la pureza; los pies descalzos y una faja roja simbolizan, en cambio, el martirio de Santa Filomena.

El Milagro de la Transferencia

Un anécdota particular que se tramanda de generación en generación es la vicisitud de la transferencia de la Santa, acaecida entre el fin del 800 e inicios del 900. El Obispo de Nola quería transferir la urna conteniendo el cuerpo desde Mugnano donde se encontraba a Nola, mandando un carruaje tirado por caballos a recuperarla. Asegurada la urna al carro se procede al retorno, recorridos apenas 11 km los carros se detienen en Cimitile provincia de Nápoles, como si una barrera invisible no cediese el paso a los caballos, el carro iba atrás sin embargo no lograba avanzar, después varios tentativas decidieron de tomar la urna y continuar a pies pero después pocos metros devino así pesada que era insostenible tenerla, comprendieron de allí que no era voluntad de la Santa desplazarse. Repuesta la urna en el carro y la reportaron en el lugar donde escogió de reposar. El día después del transporte hallaron la Santa con la mano izquierda alzada que sostiene de los flores de cristal.

Estampa de Santa Filomena

Estampa de la Santa remontante presumiblemente a la primera mitad del ochocientos y difundida a la época en millares de copias.

Como se puede ver hay una diferencia entre como venía representada a mitad ochocientos y como se encuentra ahora, dando crédito a cuanto viene contado por los ancianos del pueblo y por mi nonno.

Desde aquí se celebran los Battenti en su fiesta, que se recuerda la fecha de llegada de la Santa pero viene celebrado el día en el cual la voluntad de Dios se opuso a aquella del hombre demostrando todavía una vez que Él detiene el poder sobre esta tierra.

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Testimonio Personal

Una Historia Familiar con Santa Filomena

Mi madre ha nacido en el pueblo donde Santa Filomena ha escogido de Reposar y mi familia ha siempre celebrado la procesión que se desenvuelve desde cuando vino pedido el traslado a Nola y la Santa detuvo el carro que la transportaba expresando así su gana de no dejar Mugnano, esta historia se tramanda de generación en generación por las personas que vivieron este asunto. Mi nonno ha vivido por mucho tiempo junto al monasterio y ha sido siempre fin desde pequeño devoto a la Santa celebrando siempre la misa del domingo. Mi madre me cuenta que en el momento de su traspaso vio en el cielo la fiesta de Santa Filomena. Este año 2025 he escogido de participar a la Fiesta Patronal junto a mi prima que desde más allá de 40 años la celebra. Al interior del Santuario se encuentran también el Nombre de quien la llevó desde Roma, donde vinieron hallados los Restos a Mugnano, la familia de parte de mi Nonno lleva el mismo apellido y en aquel pueblecito todos aquellos que llevan aquel apellido son familiares de mi Nonno, por tanto hay mucha probabilidad que la nuestra dinastía sea ligada a él.

Don Francesco De Lucia

Don Francesco De Lucia, primer Rector del Santuario, nació en Mugnano del Cardinale, Diócesis de Nola, el 19 septiembre 1772. En los primeros años de su juventud recibió de un tío suyo cura Don Angelo Antonio Noja una educación altamente cristiana. Con la ayuda del tío sacerdote entró en la Congregación del SS. Sacramento en Lucera. Terminados los estudios de Teología y Filosofía, sus progresos en las ciencias filosóficas fueron tales, que, no obstante la joven edad, fue escogido por los superiores a tener lecciones de Filosofía a los novicios de S. Alfonso de los Liguori en la Casa de Diliceto cerca Foggia. Viene ordenado sacerdote en el día de la fiesta de S. Genaro, el 19 septiembre 1796. Enseguida después de la ordenación sacerdotal, enfermándose, con el permiso de los superiores retorna a Mugnano. Después un breve periodo transcurrido en el pueblo nativo, se estableció en Nápoles. En esta ciudad abrió una escuela de Literatura y Filosofía. Muy pronto se meritó la estima y el afecto de distintos personajes, entre los cuales recordamos el siervo de Dios Giuseppe-Maria Pignatelli de la Compañía de Jesús. Desatada la Revolución Napolitana del 1799, Don Francesco toma la decisión de alejarse de Nápoles y retorna al pueblo. En Mugnano del Cardinale se dedica al ministerio, promueve, junto a otros cofrades, misiones en el napolitano y en el meridión, obteniendo copiosos frutos para el pueblo de Dios. Este estilo de vida apostólica le valió la estima de muchos personajes napolitanos, que empujó a Mons. Bartolomeo De Cesare a hacerse acompañar a Roma para recibir la ordenación episcopal por Papa Pío VII el 30 junio 1802. Fue en esta circunstancia que en Roma vino en posesión del cuerpo de Santa Filomena trámite la mediación del mismo De Cesare. La Divina Providencia había preparado este viaje a fin de que, Don Francesco De Lucia, deviniese el promulgador del culto de Santa Filomena. Muy pronto, de hecho, devino el historiador de sus reliquias, estampando en el 1824 la "Relazione Istorica della traslazione del Corpo di Santa Filomena da Roma a Mugnano". La obra se difundió rápidamente en cada ciudad de Italia y fue traducida en varias lenguas. A la primera edición del 1824 ne siguieron otras, bien seis fueron las ediciones revisadas y corregidas hasta el 1843. Con el objetivo de dar al culto de la joven Mártir raíces más sólidas y más profundas, Don Francesco De Lucia fundó en Mugnano la Pía Asociación de las "Virgencitas de Santa Filomena", dichas también "Las Monjitas de Santa Filomena". Muchas personas, por lo más jóvenes, amas de casa o campesinas adhirieron a la institución religiosa-laica fundada por el pío custodio del Santuario. Estas vivían cerca sus familias, distinguiéndose por su profunda devoción a la vida religiosa. Llevaban un vestido negro, un velo blanco y un pequeño crucifijo sobre el pecho y observaban el voto simple de castidad con el ejercicio de pías prácticas cotidianas. La dedicación de estas Pías Virgencitas, hizo sí que esta institución, ideada por Don Francesco De Lucia, se propagase muy pronto en el Reino de Nápoles y en Francia. Muchos Obispos y Prelados pidieron y adoptaron las Reglas de las Monjitas de Santa Filomena, escritas por el De Lucia para sus Institutos Religiosos. Don Francesco se meritó la estima de Papa León XII, de los obispos, sacerdotes, religiosos, y augustos personajes como Fernando II Rey de Nápoles, por estos honrado y respetado. Hasta el 1843 el Rey Fernando II hizo visita al Santuario bien 25 veces, sea con la primera consorte María Cristina de Saboya, sea con la segunda María Sofía. En fin se meritó no solo la veneración de sus conciudadanos, sino sobre todo aquella de los devotos de la Santa. El Viernes Santo del 1835 Don Francesco De Lucia, mientras se dirigía a Nola para saludar al Obispo, cayó de un asno. Aquella caída fue el inicio de una larga enfermedad. No obstante su enfermedad, en los años en que estalló el cólera (1836 – 1837) en Mugnano del Cardinale, el venerando sacerdote devino un ángel consolador de todos los enfermos y moribundos. El 14 abril en el 1841 tuvo una segunda caída. En el 1845 una otra caída le causó la rotura de una arteria que lo rindió enfermo y que acarreó al pío sacerdote gravísimos dolores. Durante estos años de enfermedad soportó la enfermedad con una edificante y heroica sopportación y gana de continuar en su obra. Después de haber dedicado 41 años de su ministerio sacerdotal al continuo servicio del Santuario y a la difusión del culto de Santa Filomena, Don Francesco De Lucia, a la edad de 75 años, el 9 abril 1847 rendía el alma a Dios. La pérdida del custodio de las Sacras Reliquias de Santa Filomena fue un luto profundo para la ciudad de Mugnano del Cardinale y para los devotos de la Santa; los solemnes funerales a él rendidos en el Santuario fueron una clara manifestación del amor que estos nutrían por el custodio del Santuario. Durante los días de las exequias, fueron necesarias guardias de vigilancia para impedir el gentío del pueblo del circundario, que acudía a rendir el último saludo al venerando custodio, buscando de obtener un jirón de sus vestimentas para conservar como reliquia. El elogio fúnebre fue tenido por el doctor Don Nicola Sirignano, que era ligado al De Lucia por profunda estima y amistad. Debiendo tener lugar los ritos fúnebres, la salma fue situada delante la capilla de la Santa, algunos deseaban que se encendiesen los cirios al altar de la Santa, y se hiciese sonar, como de tradición, la rueda de las campanillas así como ocurre en la ceremonia de la remoción del velo que recubre la urna con el sacro cuerpo de Santa Filomena; pero otros se oponían, y estos últimos, tuvieron la mejor. Pero mientras los porteadores alzaban la salma para las públicas exequias, la rueda de las campanillas, sin que ninguno la moviese, comenzó prodigiosamente a sonar con estupor del clero y del pueblo presente. Fueron entonces encendidos los cirios y bajado el velo que cubre la urna con el Cuerpo de Santa Filomena. Don Francesco De Lucia provisionalmente fue sepultado en la "capilla de la Cofradía de la Inmaculada Concepción, cerca a la Iglesia Parroquial". Para conservar la memoria de este fervente siervo de Dios, el marqués Alfonso de Ávalos de Vasto y Pescara, Sobrintendente del Santuario, erigió un monumento fúnebre a izquierda de la nave del Santuario. El cuerpo del fundador del Santuario el 9 diciembre 1848 con solemne pompa fúnebre, previo acto de reconocimiento de la Curia de Nola, fue trasladado y sistemado en el monumento fúnebre.

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Santuario de Montevergine

Mercogliano - Avellino

EL Santuario de Montevergine, situado en Mercogliano (Avellino), es un importante complejo monástico mariano notorio por la veneración del cuadro de la "Mamma Schiavona". Su importancia deriva de la profunda devoción religiosa, con más allá de un millón de peregrinos que visitan cada año el lugar. Fundado por San Guillermo de Vercelli en el XII siglo, el santuario es un monumento nacional y un centro de espiritualidad.

También este Santuario ha sido visitado por mí puesto que se encuentra muy cerca a mis parientes y se percibe un profundo sentido de espiritualidad.

Santuario de Montevergine

Orígenes históricos del Santuario

En el XII siglo, corazón del medievo cristiano, San Guillermo encarna una de las imágenes más elevadas del hombre de Dios. Apóstol y peregrino, perennemente en marcha, Guillermo dedicó su vida, por muchos aspectos aventurera y fantasiosa, a la difusión del Evangelio en cada lugar y cerca de cada género de humanidad. En el ámbito del cristianismo medieval, él representó un anillo de conjunción entre las experiencias de los monjes que guiaron la reforma de la orden benedictina desde los eremitorios de Camaldoli, Vallombrosa y Chiaravalle, y el retorno a una religiosidad más viva y espontánea, simple y popular, mejor apta a interpretar el modelo evangélico. Por este motivo Guillermo ha sido a menudo flanqueado a la figura de San Francisco, si bien el "pobrecillo" de Asís nacerá solamente cuarenta años después de la muerte del fundador de Montevergine. Su obra de apostolado en el Mediodía de Italia precorre aquella de San Francisco, sin embargo una iconografía y una literatura demasiado escasas, suerte común a aquella de muchos otros precursores, no nos restituyen hoy la justa medida de la vida y de las obras de San Guillermo de Vercelli. La verdadera historia del Santuario de Montevergine comienza con la consagración de la primera iglesia por parte del Obispo de Avellino, cuando (como se expresa el primer biógrafo) «edificada la iglesia y recogido allí no pequeño número de personas para el servicio de Dios, detrás el parecer común, Guillermo decidió que la susodicha iglesia fuese dedicada a honor de María, Madre de Dios y siempre Virgen». Por ello el Santuario de Montevergine debe su origen no ya a una aparición de la Virgen o a algo de similar, sino a aquel espíritu ascético mariano de San Guillermo y de sus discípulos, que, no sin inspiración divina, quisieron construir en Montevergine un faro de devoción a la Virgen, consagrándole sobre aquel monte una iglesia y dedicándole el primitivo cenobio. Guillermo, encendido el fuego del amor de Dios y de la Virgen sobre el sacro monte, se lleva a otra parte consejero de potentes, socorredor de humildes, obrero infatigable en el edificar las casas del Señor y de sus religiosos, que por todas partes le hacen en torno espesa corona. Su laboriosa jornada terrenal se cierra el 24 junio 1142, en el Monasterio del Goleto, cerca Sant'Angelo dei Lombardi (Avellino). Muy pronto a las dependencias del Monasterio de Montevergine surgieron muchos otros monasterios, desarrollándose de tal modo la Congregación verginiana. Los siglos XII-XIV marcaron el máximo esplendor de este instituto: papas, reyes, príncipes y grandes feudatarios hicieron a competición en el enriquecer Montevergine quien de bienes espirituales, quien de muníficos dones, quien de anchos feudos y de protección soberana. La Congregación tuvo mucho a sufrir durante el Grande Cisma de Occidente (1378-1420), y así comenzó a declinar, tomando incluso un pliegue vertiginoso desde el día en que la infausta encomienda (1430-1588) hizo pasar la responsabilidad del gobierno abacial sobre hombres que no tenían otro interés que de percibir las copiosas prebendas de los beneficios a ellos asignados. Esta fatal bajada se buscó de frenar después del 1588 con un segundo periodo de despertar y de vitalidad; pero en seguida intervinieron otros factores, que destruyeron casi completamente la Congregación en las dos fatales supresiones del 1807 y 1861. A duras penas se salvó el Santuario, como a tener encendida por los siglos la devoción a la Virgen y a su siervo fiel, Guillermo de Vercelli.

La Sacra Icono - La "Mamma Schiavona"

Un halo de misterio envuelve la historia de la icono de Montevergine, muchas leyendas se suceden en el tiempo atribuyéndole varios autores, así como múltiples intercesiones gracias a las cuales el cuadro habría llegado cerca el homónimo Santuario. Desde el Seiscientos se ha dado crédito a la leyenda que quería tal icono pintada hasta el pecho directamente por la mano de San Lucas en Jerusalén, expuesta luego en Antioquía y en fin transportada a Constantinopla, la actual Estambul. Durante el VIII siglo, en seguida al asentamiento de Miguel Paleólogo sobre el trono de Constantinopla, el emperador Balduino II, en fuga, habría hecho recortar la cabeza del cuadro llevándola consigo durante su exilio. La salvó, así, de la segura destrucción por parte de los iconoclastas que en aquel periodo daban una caza cerrada a todas las imágenes sacras. La imagen del rostro de la Virgen habría así llegado, por vía hereditaria, en las manos de Catalina II de Valois, que después de haberla hecho completar por Montano de Arezzo, en el 1310 la habría donado a los monjes de Montevergine, haciéndola colocar en la capilla gentilicia de los de Anjou. Durante el Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965) la autoridad eclesiástica confió a algunos críticos e historiadores del arte la tarea de establecer la correcta paternidad del cuadro y de determinar el periodo en el cual la Sacra Imagen habría efectivamente llegado a Montevergine. La leyenda de la Sacra Icono perdió pronto consistencia porque contestada en diversos puntos. Antes que nada en el 1310 Catalina II de Valois tenía apenas diez años y esposará solo tres años más tarde al príncipe angevino Felipe II de Tarento; resulta difícil creer por tanto que Catalina tan joven pudiese haber comisionado el completamiento del pintado a Montano de Arezzo. Además un pergamino conservado en Montevergine demuestra la presencia del cuadro cerca el Santuario ya al fin del Doscientos. En un estudio suyo del 1964, el padre Giovanni Mongelli, de la Congregación de Montevergine, hipotetizó que la paternidad del cuadro pudiese ser atribuida al famoso pintor romano Pietro Cavallini, o a su escuela, sea por la presencia de algunos elementos estilísticos distintivos de su técnica pictórica -como la entonación bizantina y el típico modo de pañear, sea por su comprobada actividad en aquel periodo cerca la corte de los de Anjou. La presencia de los lirios angevinos alrededor de la imagen de la Virgen ne ligan indiscutiblemente el origen pictórico a aquella casa reinante. Unánimes en el juicio los historiadores han refutado por tanto todas aquellas leyendas surgidas en el Medievo que atribuyen al hallazgo de la tela la intercesión divina de la Virgen; así como aquella que quería la Sacra Imagen llegada propio al Santuario porque el mulo que la transportaba se opuso a los comandos del caballero poniéndose sobre la calle que conducía a Montevergine. Quedan sin embargo firmemente radicadas en la tradición popular estas leyendas que reconducen a los hallazgos milagrosos de la Sacra Imagen, contribuyendo a crear alrededor del cuadro un inefable sentido místico y acrecentando, por tanto, el culto y la veneración. En fin, en ocasión de la muestra iconográfica Los Angevinos de Nápoles y Montevergine, tenida en el 1997 cerca la Biblioteca estatal de Montevergine, padre Plácido Mario Tropeano, también él monje benedictino y actual director de la Biblioteca, ha reconstruido con buena aproximación la historia de la prodigiosa imagen, concluyendo que ella puede ser razonablemente adscrita al catálogo orgánico de Montano de Arezzo, cuyos retoques fueron tantos y tales de redefinir casi totalmente la geometría del cuadro, justificando así esta hipótesis.

Santuario de San Andrés Apóstol

Duomo de Amalfi

Verdaderamente bellísimo el duomo de Amalfi con la Cripta donde reposan los Restos del Apóstol, llevando el nombre del Santo decidí de visitarla en el ¨Mi Viaje Del Monje¨ y merece también el pequeño pueblo de Amalfi que desaconsejo de visitar de verano vista la fuerte concentración turística.

Catedral de San Andrés - Amalfi

La Catedral de Amalfi es el monumento más importante de la Antigua República Amalfitana. Constituido por dos basílicas acercadas, un tiempo comunicantes, se asoma sobre la plaza más característica de Amalfi, Piazza Duomo, que desde siempre dicta los ritmos de la dolcevita amalfitana. La más antigua Catedral del IX siglo, dedicada a la Virgen Asunta, primera protectora de Amalfi, fue construida sobre los restos de una otra catedral paleocristiana del VI siglo en forma románica e impostada sobre tres naves. Entre el XVI y el XVIII siglo aquella que hoy viene llamada "Iglesia del Crucifijo" devino de forma contrarreformista y barroca, para luego ser reportada a la antigua estructura románica. La segunda catedral, dedicada al Apóstol Andrés, protector de la diócesis de Amalfi, fue erigida en el 987 por interesamiento del Duque de Amalfi Mansone I. Destaca la puerta en bronce, realizada en Constantinopla sobre comisión de Pantaleone de Comite, mercader amalfitano que homenajeó al Episcopio en el 1060. Al interior de la Basílica, enriquecida en clave barroca en el XVIII siglo, son conservados los despojos del Apóstol Andrés, a quienes son ligados ritos, creencias religiosas (como aquella de la Manna) y leyendas. Sin duda uno de los monumentos más fascinantes de toda la Costa Amalfitana, la Catedral impera sobre toda Amalfi. La fachada actual neomorisca con influencias neogóticas, recientemente restaurada, ha sido construida en el XIX siglo por un grupo de arquitectos guiados por Errico Alvino, después del presunto derrumbe de aquella original. El atrio de la Catedral conecta el campanario, el Claustro del Paraíso y la iglesia del Crucifijo.