En este tour visitaremos las iglesias de San Francisco de Asís figura fundamental de la restauración sea física que espiritual de la iglesia, fue aquel que reportó a los monjes al eremitismo.
Este fenómeno ocurrió durante una oración en la iglesita de San Damián delante al Crucifijo del cual sintió una voz decir: "Francisco, ¿no ves que mi casa se está derrumbando? Ve pues y repárala". Este evento marcó el inicio de su conversión y de su recorrido de fe.
Más allá del Sacro Convento de Asís donde reposa recorreremos las iglesias por él frecuentadas y restauradas en la valle Umbra que está llena de senderos Franciscanos que los frailes y el mismo Francisco recorrían para alcanzar los eremitorios y aislarse en oración.
Nos sumergiremos en lugares Sagrados con una profunda espiritualidad que han marcado la vida del Santo inspirándolo en la escritura del Cántico de las Criaturas y la Regla de la orden naciente, entre milagros cumplidos e iglesias despojadas que nos reportan al verdadero mensaje de Francisco, simplicidad, pobreza y oración.. la perfecta comunión con Dios.
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Son varias las Iglesias que marcan las historia del Santo Patron de Italia, principalmente se encuentran en Umbria con Assis como protagonista y veremos iglesias importantes en su alrededor, hay también muchos senderos que Francesco utilizaba para moverse en su peregrinaje.
El Camino de Francisco: Una sola ruta a Asís siguiendo los pasos de San Francisco
La Vía de Francisco es una ruta que conecta diversos lugares que dan testimonio de la vida y la predicación del Santo de Asís; una ruta de peregrinación que busca recrear la experiencia primitiva franciscana en las tierras que el "Poverello" recorrió en sus viajes.
Es precisamente en su apego a la historia de Francisco que la Vía encuentra su verosimilitud y encanto: los paisajes que contempla el peregrino son los mismos que alegraron el corazón sencillo de Francisco y donde se diseminaron muchos Milagros. Os dejare en descripcion los lugare que fueron importante para el Santo donde las paradas conservan el recuerdo de sus palabras y obras.
Umbría ha permanecido, a pesar de todo, la tierra de Francisco, nutrida por una espiritualidad que habla de amor por las pequeñas cosas, de respeto y gratitud por la creación, de generosa aceptación del otro, sea quien sea, veremos desde cerca la sencillez de sus monasterio, desde donde recibió las estigma,bosques sagrado el primer belen, y donde fundó la orden y mucho mas.
Recorrer el Camino de San Francisco, por tanto, constituye un auténtico viaje espiritual, nos conecta con la esencia verdadera de su enseñanza basada en la sencillez hasta llegar a a lo hermoso que se construyó en su nombre, buscando el sentido de la existencia en lo más profundo de sí misma. La figura de San Francisco, que se impone en Asís, meta del viaje, nos acompaña durante todo el recorrido, interpelando a la mente y al corazón del viajero sobre la posibilidad de vivir la vida cotidiana en plena armonía con el mundo, con la humanidad y con Dios.
Es un precioso arte de vivir, el fruto más auténtico del camino a Asís: un don que la Umbría de San Francisco puede ofrecer al peregrino, así como a quien se acerca con el corazón abierto. Para descubrir y aprender más sobre las etapas os dejo los Santuario que marcaron la vida del Santo
El Camino Franciscano
San Francisco, propio como hizo San Benito siglos antes, entendió la necesidad y la necesidad de la vida eremítica de los monjes en el respeto de reglas restringidas a seguir.
Recuerdo que ninguno de los dos ha sido bien visto, San Benito sufrió dos intentos de envenenamiento por los monjes de Subiaco; en una ocasión, le sirvieron una copa de vino envenenada y el Santo, bendiciéndola, trazó con la mano la señal de la cruz y la copa explotó salvándolo; aquí se demuestra la potencia que tiene la Santa Cruz hecha por un Hombre de poder como San Benedicto. Sus duras reglas y los seguidores de Francisco pidieron más veces al papa reglas menos rígidas, después de su muerte fueron pocos aquellos que respetaron las reglas a la letra entre estos recordamos al Beato Paolo Trinci que, en virtud de una aspiración a interpretar más fielmente la Regla originaria y a vivir la experiencia comunitaria según el verdadero espíritu del Fundador dio origen al movimiento reformador, llamado "de los espirituales" y que ambicionaba a una mayor "observancia regular", fue, en la segunda mitad del XIV siglo, propio fra' Paoluccio Trinci, el cual se retiró en el eremitorio de Brugliano, cerca de Foligno, junto a algunos discípulos, dichos "Frailes devotos", con el intento de observar la Regla sin mitigaciones y dispensas. El movimiento, que no por casualidad comenzó a ser llamado observante, se difundió pronto también en el resto de Italia. Leer más sobre Paoluccio Trinci
Sobre la huella del Santo de Asís
Haremos un recorrido entre las Iglesias más importantes y significativas de la vida del Santo, desde donde empezó su vida monástica, al nacimiento del belén, los milagros de transmutación de agua en vino, donde vio un Ángel, la visión de un carro de fuego y donde recibió las estigmas.
Traslado desde Roma a Terni con una duración de 1h30min. Dependiendo del horario de llegada, es posible hacer alguna parada a convenir. Alojamiento en hotel y tarde libre.
Partida desde Terni hacia Sant'Urbano de Narni donde visitaremos el Sacro Speco de San Francisco, lugar donde escuchó a un Ángel tocar la cítara, donde transmutó el agua en vino y veremos la peculiar hendidura en la montaña donde el Santo oraba. De allí nos desplazaremos a la Valle Santa reatina donde Francisco, en una gruta, reconstruyó el nacimiento de Cristo y otras dos iglesias importantes para la vida del Santo. Finalizado el tour de la Valle Santa regresaremos a Terni, donde si sobra tiempo se puede hacer una parada en la estupenda Piediluco, un pueblo que nace a los pies de un monte con vistas a un lago.
Partida del hotel hacia Spoleto donde visitaremos el Bosque Sagrado y el Convento Primitivo. Aquí fue aprobada la primera ley de salvaguardia de un bosque que San Francisco convirtió en un Monasterio. Luego nos desplazamos hacia Asís donde visitaremos la Sagrada Cabaña de Rivotorto. Almuerzo libre y llegada a Gubbio donde domó a un lobo enfurecido. En función del tiempo, es posible visitar también el pueblo y las Tablas Eugubinas, el texto religioso más antiguo de Europa, escrito por 12 monjes umbros con ritos de purificación de lugares y personas. Se puede pernoctar en Gubbio o volver a Asís.
Visita guiada por la mañana en las principales iglesias de Asís. Almuerzo libre y por la tarde visita a Santa María de los Ángeles con la Porciúncula, Ermita de las Cárceles e Iglesia de San Damián. Tarde libre y pernoctación en Hotel en Asís.
Partida desde Asís hacia el Monte Verna donde el Santo recibió los Estigmas. Al término de la visita, almuerzo libre y reinicio del acercamiento a Umbría donde visitaremos la bellísima Orvieto con su imponente Duomo. Regreso al Hotel en Terni donde visitaremos la Basílica de San Valentín. Tarde libre y pernoctación en Hotel.
Según el horario del vuelo, acompañamiento desde Terni al aeropuerto de Fiumicino.
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Solicita tu Experiencia PersonalizadaAntiguo centro espiritual cerca de Narni
Sagrado Speco de San Francesco donde según la tradición al llegar enfermo, en proximidad de la capilla se tumbó en un banco y fue allí donde escuchó un Ángel tocar la cetra (Antiguo instrumento musical de cuerda) para animarlo y en otra ocasión transmutó el agua del pozo en vino. Además de esto acontecimiento aquí se puede apreciar una Grieta en la montaña donde según leyenda en varias ocasiones se enfrentó con el Draco o Satana. Al lado de la hendidura se aprecia un cartel donde está escrito que aquí Francisco mandaba lamentos a Gran Voz sobre la pasion del Salvador
El Convento del Sacro Speco di San Francesco es un pequeño y antiguo centro espiritual situado en una colina cerca de Narni. El edificio de piedra domina la Conca Ternana y la contempla desde lo alto, desprendido en su silencio y paz. Las estructuras que vemos hoy se construyeron a lo largo de los siglos, sobre todo entre el XV y el XVI, pero la parte más antigua es la Capilla de San Silvestro, desde la que se accede a un estrecho pasillo y a una sala con un pozo, el mismo del que se sacaba agua para llevar a San Francisco la cual transmuto en vino.
Por qué es especialLos monjes que llevaron el agua al santo no tuvieron que viajar muy lejos. De hecho, incluso los peregrinos que vienen aquí pueden volver sobre sus pasos, a lo largo de un sendero escalonado y bien mantenido que conduce al verdadero corazón espiritual de la zona: el Sacro Speco. Se trata de una hendidura en la roca en la que Francisco se introducía en oración. Aquí el santo se retiraba a meditar y realizó varios milagros. Tal vez gracias a la complicidad de la naturaleza, que fue para él amiga y fiel compañera, su presencia puede sentirse aún hoy como un soplo entre las copas de los árboles y una vibración entre las rocas.
Para no perderseFrancisco, sin embargo, no se encontraba bien en el momento de su estancia aquí. Para garantizarle un mínimo de comodidad, se construyó una celda cerca del Speco, que aún hoy es visible. En su interior, protegida por un relicario, se conserva lo que la tradición indica que fue la cama del santo. Ciertamente, entrar en las mismas estancias que dieron cobijo a San Francisco despierta emociones muy intensas y resulta conmovedor posar los ojos sobre las mismas piedras que acompañaron a Francisco en sus oraciones.
CuriosidadCerca del Speco se alza un magnífico castaño centenario. Según la tradición, en algún momento de su estancia aquí, San Francisco se sintió mejor, tanto que decidió abandonar el apoyo que había necesitado en los últimos días. Así, dio unos pasos hacia el prado y clavó su vara de castaño en la tierra. Éste, así plantado, brotó y con el paso de los siglos se convirtió en el maravilloso árbol que aún hoy proporciona sombra, frescor y castañas. Un Milagro parecido pasó también a Santa Clara de Montefalco en el monasterio de Montefalco.
El lugar del primer Belén
Santuario de Greccio donde el Santo realizó el primer belén.
El Santuario de Greccio encajado en la roca donde relata el primer biógrafo de San Francisco, Tommaso da Celano, que aquí el Santo realizó el sueño de crear un pequeño belén. Con la colaboración de su amigo Giovanni Velita que tenía mucha tierra en aquella valle lo ayudó a subir encima de la cueva, donde después se construyó la iglesia, un buey, un asno y un pesebre y la noche 25 de diciembre de 1223 bajo la autorización del Papa, porque en aquel tiempo no se podía celebrar misa afuera de la iglesia, San francisco celebró el nacimiento de Jesus.
Los lugareños participaron en gran número con antorcha y linterna para asistir, relata siempre Tommaso da Celano que durante la celebración, cuando el Santo cogió el muñeco de Jesus y lo enseño a multitud, su amigo se quedo sorprendido y dijo que estaba convencido de haber visto al niño Jesús cobrar vida. Desde entonces nace la tradición del belén.
En el Santuario se puede apreciar la capilla del belén edificada dos años después de la muerte del Santo donde hubo la celebración con dos frescos hechos por partir de la escuela de Giotto. Hay también dos lugares donde el Santo comió y descansó en la estancia allí que eran frecuentes. En la iglesia nueva edificada en 1959 se aprecia un belén hecho por un escultor en el complejo se encuentra también un púlpito de San Bernardino de Siena y el dormitorio in leño que recibió San Bonaventura de Bagnoregio, además de una bonita vista en todo el valle, lugar de profunda espiritualidad.
El Sinaí Franciscano
Santuario de Fonte Colombo inmerso en un bosque sagrado desde siempre definido el “Sinaí Franciscano”, fue aquí que después de 40 días de ayuno el Santo, concibió y escribió la Regla definitiva de su Orden, que fue redactada en la gruta (el “Sacro Speco”) sobre la cual hoy surge la Capilla de San Miguel.
El Santuario de Fonte Colombo está situado a las laderas del Monte Raniero inmerso en un magnífico Bosque Sagrado de encinas seculares. Se presenta muy fascinante por las vivas memorias ligadas a la vida de aquel hombre del ánimo grande que fue San Francisco, y por tanto por la sacralidad que allí se respira.
Entre los monasterios que la tradición quiere fundados por el Pobrecillo de Asís, aquel de Fonte Colombo es el segundo en orden cronológico y es, sin duda, uno de los más importantes. Aquí de hecho el santo se alojó en varias ocasiones, entre el 1217 y el 1223, y aquí, sobre todo, después de un ayuno de cuarenta días, concibió y escribió la Regla definitiva de su Orden, que probablemente fue redactada en la gruta (el “Sacro Speco”) sobre la cual hoy surge la Capilla de San Miguel.
En fin, siempre en Fonte Colombo, al término de un largo periodo de tormentos ligados a una enfermedad contraída en Egipto, ocurrió la vicisitud de la dramática intervención a los ojos, que él sufrió milagrosamente sin advertir dolor, después de un conmovedor diálogo con el fuego.
Il “Sinai Francescano”El Santuario de Fonte Colombo es desde siempre definido el “Sinaí Franciscano”. Esto, en relación a un conocido documento (Actus Beati Francisci in Valle Reatina), remontante quizás al inicio del XIV siglo. Escrito por mano de un franciscano, el así llamado “anónimo reatino”, que así describe esta montaña silvestre y del aspecto arcano:
«El monte de la Regla, monte Ranierio, ha sido llenado por el Señor de divina dulzura, consagrado al sabor melifluo de su presencia, en medio al festivo tropel de los beatos. Ha devenido un nuevo Sinaí, donde, oyéndolo todos, fue dada la ley. Un otro monte Carmelo, donde el alma de Francisco se entretenía y conversaba con el Señor. Fonte Colombo es el monte que debemos subir a pies descalzos, porque es un lugar verdaderamente santo».
El mismo ambiente natural, del resto, parece recalcar la santidad del lugar que vio a Francisco intento a reflexionar sobre el valor del Amor por el prójimo y por cada criatura existente, cual principio fundamental para el rescate del género humano.
La Fons ColombarumComo se deduce del topónimo, San Francisco decidió de establecerse aquí puesto que allí había encontrado «una fuente de agua fresca y límpida». Más bien, la denominación de “Fonte Colombo” (de Fons Colombarum) fue dada por el mismo Pobrecillo, viendo que en estas aguas usaban abrevarse numerosas palomas blancas. Todavía hoy, el agua es el elemento dominante del paisaje delineado por los bosques y por las rocas circundantes el Santuario: bajando a lo largo del sendero de la fuente, se pueden admirar algunas irruptoras cascadas que hacen la visita ulteriormente sugestiva, invitando a la reflexión.
Il santuario di Fonte Colombo e l’OsservanzaDespués de la muerte de Francisco, el complejo conventual del Santuario de Fonte Colombo fue ampliado. Sucesivamente, en el 1373, allí se establecieron, gracias a algunas concesiones eclesiásticas, los frailes de la Observancia. Este era un movimiento nacido en seno al Orden Franciscano afirmado en el XV siglo gracias a figuras de destaque cuales San Bernardino de Siena y San Juan de Capestrano. Fonte Colombo devino así una verdadera y propia avanzadilla de la Observancia, cuyos seguidores practicaban una vida ascética rigurosa y austera.
Tal interpretación del franciscanismo se agudizó más tarde, cuando propio en Fonte Colombo, sobre iniciativa del fraile español Stefano Molina, el movimiento de la Observancia desembocó en aquel de la “Más Estrecha Observancia”, que se propuso de “observar” y “conservar” la Regla en manera estrechísima.
El inicio de la misión de paz
Santuario Poggio Bustone es el inicio de la misión de paz de Francisco, primero en recibir al santo en el valle, allí fue donde Nuestro Señor en una cueva, mediante una visión le envió un Ángel que le confirmó el perdón de todos los pecados y le predijo que su mensaje y su orden llegarían a ser Grandes. En el Santuario se encuentra la cueva de la revelación donde recibió el mensaje de su perdón.
"¡Buenos días, buena gente!"
Así Francisco saludó según la tradición a los habitantes de Poggio Bustone cuando, por primera vez, llegó al burgo a las laderas de los Apeninos.
Es Luca Wadding, importante historiador franciscano del seiscientos, a contarnos la llegada de Francisco a Poggio Bustone en el 1209, narrándonos de un Francisco y de sus compañeros perseguidos en patria y a la búsqueda de un lugar hospitalario, que encontraron propio en Poggio Bustone.
Trepándose sobre el camino que conduce hasta el eremitorio se redescubre toda la simplicidad y la alegría de este saludo, en una naturaleza que se asemeja todavía a aquella que Francisco vio y amó. El Santuario es circundado por los bosques verdegueantes y abre la mirada sobre un panorama que tiene del místico: el Valle Santo y su parte septentrional con la espléndida Reserva de los lagos Lungo y Ripasottile.
Los más antiguos hagiógrafos de Francisco indican en las cercanías de Poggio Bustone la primera meta del Santo en el Valle Reatina. Francisco paró en estos lugares, recogiéndose en plegaria en una gruta solitaria entre los bosques. Aquí tuvo la visión que le confirmó el perdón por los pecados juveniles. Aquí le fue predicha una expansión prodigiosa para su Orden y tuvo la predicción en base a la cual desde Poggio Bustone habría partido su misión de paz.
Como siempre en la costumbre de Francisco, el precario alojamiento que encontró estaba poco distante del pueblo de Poggio, así de permitirle de predicar a la gente del burgo. La otra testimonio de la presencia de Francisco en Poggio Bustone concierne una pública confesión de Francisco. Una multitud se reunió cerca el eremitorio para escuchar la prédica del Pobrecillo que estupió a todos mortificándose y confesando de haber comido alimentos condimentados con lardo durante la cuaresma.
El Santuario de Poggio Bustone tiene dos eremitorios.El eremitorio superior puede ser identificado con la iglesita encajada bajo una masa rocosa y escondida por el bosque. Al tiempo de Francisco era una simple gruta, la primera construcción remonta a los inicios del XIV siglo. Y adopta la tipología a nave única cubierta por bóveda de cañón. En el edificio se distinguen dos épocas: la parte del trescientos que circunda el altar y una otra remontante al XVII siglo. El descubrimiento de este ambiente, que quizás constituyó el primer asentamiento franciscano, ha ocurrido en el 1947. El eremitorio inferior es en cambio el actual convento e iglesia de San Santiago. Al eremitorio superior se llega a través de un cómodo sendero inmerso en un bosque de robles melojos, arces y carpes, cerca treinta minutos de camino para llegar en un lugar encantado y hecho santo por la presencia de Francisco.
Las capillas del senderoA lo largo del sendero fueron erigidas en torno al 1650 seis capillas a recuerdo de milagros ocurridos sobre el lugar y tramandados por la tradición popular. La primera capilla custodia la piedra sobre la cual el Santo apoyó el breviario mientras estaba por sobrevenir una tempestad: apenas apoyado el libro la piedra se derritió como cera. La segunda capilla fue edificada sobre el lugar en el cual Francisco se sentó apoyando las espaldas a una piedra sobre la cual permaneció impresa la impronta de su capucha todavía hoy visible. La tercera capilla custodia la impronta del codo del Santo, la cuarta es dedicada a la aparición del demonio y a las improntas que dejó sobre la piedra. La quinta conserva la impronta del pie de Francisco, la sexta la impronta de un ángel.
Templo Votivo y ConventoLlevándose hacia el eremitorio inferior, en las cercanías de la explanada del convento, surge el Templo Votivo realizado por Carlo Alberto Carpiceci a recuerdo de la misión de paz a la cual el Santo dio inicio propio desde Poggio Bustone. A lado del ingreso son incisas las palabras que Francisco dejó a los discípulos “Id carísimos de dos en dos por las diversas plagas de la tierra anunciad a los hombres la paz”. Al interior se conserva la estatua del Pobrecillo realizada por Lorenzo Ferri.
La iglesia del convento, accesible desde la explanada, es dedicada a San Santiago Mayor. Delante se abre el pórtico reconstruido en el 1951 sobre proyecto del arquitecto Alberto Carpiceci. La iglesia fue erigida en el XIV siglo y más veces remodelada. En el curso del XVII siglo vinieron abiertas dos capillas, una dedicada a San Antonio de Padua, la segunda a San Francisco. La última intervención ha sido realizada después del terremoto del 1948.
Austero es el interior de la iglesia, a nave única con cobertura a cerchas, el ábside es en cambio cubierto por una elegante bóveda de crucería. Las modalidades realizativas de algunos elementos arquitectónicos (ménsulas y nervaduras) han sugerido a los estudiosos una datación a los primeros decenios del XIV siglo.
A lo largo de la pared derecha una tabla del XV siglo representa a la Virgen con el Niño y San José. Siempre sobre la misma pared, durante las restauraciones del 1948, ha sido hallado un fresco del seiscientos que representa un pontífice entre San Francisco y San Antonio de Padua. A sus espaldas hay la interesante representación del castillo de Poggio Bustone que nos permite de reconstruir el antiguo ordenamiento urbanístico del burgo: circundado por muros, dominado por las torres y por el campanario y dotado de dos puertas de acceso.
A la derecha de la iglesia es colocado el claustro en torno al cual se desarrolla el convento. De la primitiva construcción resta un porticado con pilares y columnitas octogonales, hoy englobado en el claustro. Sobre una pared del claustro se conserva una pintura con la Virgen con el Niño, apreciable y refinada obra de escuela sur umbra del XV siglo. Interesante la visita al refectorio de los peregrinos, adornado por dos pinturas del seiscientos: la Última Cena y la Inmaculada entre San Francisco y Santa Clara.
Monteluco de Spoleto
Situada en un bosque Sagrado aquí San Francisco hizo nacer la primera fraternidad ermitaña con la construcción de celdas con paredes en madera y calce que todavía hoy sigue intacta.
La ermita se encuentra en un bosque sagrado con cuevas naturales usada ya en época paleocristiana y está tutelado y protegido por la Lex Luci Spoletina que prohíbe el corte de árboles en el bosque Sagrado, fue la primera ley en preservar un bosque.
Francisco debido a sus frecuentes peregrinaje y estancia en estas cueva, en 1218 le fue donada da los Monjes Benedictino que eran los dueños de la montaña, la pequeña capilla de Santa Caterina de Alejandría llamada también la Porziuncola de Monteluco que según la tradición fue llamado también ´Convento Primitivo. Tomó vida con la construcción de celda con paredes en madera y calce que todavía hoy sigue intacta donde nació la primera fraternidad ermitaña.
Debido al pasaje de varios eremitas, los primero documentado salen al siglo VI cuando varios monje escapado por la guerra de Siria encontraron refugio aquí y dieron vida al movimiento ermitaño siriano con culto a la Santa Orientale. Posteriormente siguió las Reglas Benedictina pasando bajo control de Monjes Benedictino que fueron ellos que la donaron al Pobre de Asís la capilla. Con la construcción de celdas con paredes en madera y calce que todavía hoy sigue intacta Francesco.
La peculiaridad de esta iglesia es que mezcló la cultura oriental y occidental, rarisimo testigo en el centro de Italia.
Santos y Beatos en MontelucoEn este encantador lugar Sagrado se puede apreciar el también el pasaje de varios Santos y beatos que encontraron refugio por sus plegaria y alguna cueva dedicada a ellos. Pasaron por aquí San Antonio de Padua, Bonaventura, Berdardino de Siena, el Beato Francesco da Pavia, que murió allí y el Beato Leopoldo da Giaiche. Todos vinieron para vivir más espiritualmente la regla que Dios entregó al Santo de Asís.
Lugar de descanso del Santo
Es el lugar donde descansa el Santo, según la tradición, el mismo San Francisco, en el momento de la muerte, señaló a sus compañeros como el lugar para su entierro.
La Basílica de San Francisco de Asís es sin duda el sitio más famoso de Umbría y uno de los más visitados de Italia. Se estima que, en promedio, cada año, alrededor de 4 o 5 millones de personas visitan Asís para admirar esta hermosa obra artística y arquitectónica erigida en nombre de San Francisco de Asís, patrón de Italia.
Reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, la Basílica de San Francisco fue construida bajo la dirección del Hermano Elías, vicario general y arquitecto de la orden, a partir de 1228, apenas dos años después de la muerte del santo, como un lugar destinado a acomodar los restos.
La primera piedra fue colocada por el Papa Gregorio IX el 17 de julio de 1228 las secuelas de la canonización de San Francisco, en el lugar donde se llevaron a cabo las ejecuciones y los malhechores fueron enterrados. Según la tradición, el propio Francisco, en el momento de la muerte, señaló a sus compañeros como el lugar para su entierro.
ExteriorEl exterior de la basílica tiene claras referencias al gótico francés en el momento de la fachada y en el portal bipartito, mitigado por los estantes horizontales y el rosetón, que tienen un aire puramente umbriano, y el campanario pesado del amplio sistema. Las superficies están todas en la piedra del Subasio, que está teñido de rosa en las horas del día para brillar blanco bajo la luna.
Iglesia inferiorSe accede desde el lado de la basílica, a través de un doble portal de finales del siglo XIII, coronado por un próspero renacentista. El interior tiene una sola nave, dividida por arcos bajos en cinco tramos, con capillas laterales de finales del siglo XIII.
En la primera bahía, en la entrada, hay dos grandiosas tumbas góticas del siglo XIV, y, entre ellas, un púlpito de la base del siglo XIII con adiciones y renovaciones traseras. En frente de la entrada se encuentra la capilla de Santa Caterina, o el Crucifijo, decorado con un ciclo de frescos por el boloñeso Andrea Bartoli (1368) e iluminado por ventanas con ventanas del siglo XIV.
El crucifijo de madera policromada en el altar es en cambio el final del siglo XV. En la nave, en las paredes se encuentran los restos de frescos con Escenas de la Pasión de Cristo (derecha) y las Historias de la vida de San Francisco (izquierda), la obra del llamado Maestro de San Francisco (alrededor de 1253).
Casi en la parte inferior de la pared izquierda, en un nicho sobre una tribuna gótica, hay un fresco con la Coronación de la Virgen por Puccio Capanna (siglo XIV). A mitad de la nave, una escalera desciende a la cripta; detrás del altar, protegido por una rejilla de hierro, está la urna que guarda los restos del santo.
Iglesia SuperiorSi la basílica inferior, grave y oscura, invita a la penitencia y al silencio, la parte superior es delgada hacia el cielo, aireada y brillante.
Estilo gótico con influencias francesas, se encuentra en una nave de cuatro tramos, de bóvedas transversales, con crucero y ábside poligonal. El crucero está maravillosamente decorado con frescos de Cimabue, con la famosa Crucifixión, las Escenas del Apocalipsis y las Historias de San Pedro. Iniciado en 1277, el ciclo se perdió debido a la variación del color blanco en tonos oscuros, lo que generó un efecto a partir de la visión negativa.
De Cimabue y colaboradores también están los cuatro evangelistas pintados en la bóveda sobre el altar mayor gótico, y los frescos con las Historias de María en las paredes. En la parte superior de la nave hay un ciclo de frescos, con Historias del Nuevo y Antiguo Testamento, consideradas en parte por los pintores de la escuela romana y parte de los seguidores de Cimabue.
El espacio de la narración está intercalado con las ventanas adornadas con ventanas medievales, que, a pesar de los remakes, constituyen una de las colecciones más completas existentes en Italia. En la mitad inferior de la nave, está el famoso ciclo de frescos que tenía en Giotto tanto el arquitecto como el supervisor de otros trabajadores. Se representan episodios de la vida de San Francisco, desde la juventud hasta la muerte y los supuestos milagros póstumos, inscritos en arquitecturas pintadas que representan columnas y estantes.
Lugar de profunda espiritualidad
El eremitorio situado en un bosque Sagrado a 4km de Asís es un lugar de profunda espiritualidad ligado a la figura de San Francisco y de sus primeros compañeros.
Antiguo lugar franciscano sobre el monte Subasio a 4 km de Asís y a 800 mt de altura, en el corazón de un bosque de encinas seculares – es uno de los santuarios franciscanos custodiados por los Frailes Menores de la Provincia Seráfica de San Francisco de Asís. La palabra Cárcel no quiere decir “prisión”: proviene del latino “carcer”, que significa lugar apartado, solitario, por tanto apto a la vida de plegaria. Aquí venían Francisco, sus compañeros y, después de ellos, los frailes por periodos limitados de plegaria.
Il piccolo chiostroEl lugar consistía en un gran bloque rocoso, con grutas usadas como celdas para los singulares frailes y un pequeño Oratorio central y visible donde los hermanos confluían para la plegaria común, la Celebración Eucarística, el compartir de la experiencia de Dios… Una jornada escandida por la plegaria. Hacia la mitad del XIV siglo, los frailes han comenzado a habitar allí establemente en pobrísimas moradas. Al inicio del 1400, por impulso de san Bernardino de Siena, viene construida la pequeña Iglesia, el Coro, el Refectorio y el Dormitorio con pequeñas celdas para los frailes adosadas a la roca. Las otras construcciones han sido ejecutadas en los siglos sucesivos, según las necesidades del momento. Numerosos frailes, reconocidos por su santidad de vida, son aquí vividos a lo largo de los siglos, entre los cuales el Beato Antonio da Stroncone, el Beato Francisco de Pavía y San Santiago de la Marca.
El Eremitorio, en este pliegue de la roca nos hace descubrir en manera excepcional la creación, la naturaleza, las obras de Dios cual revelación de su amor. Francisco vibraba de alegría contemplando la naturaleza, los ojos zambullidos en el verde, la mente absorta en Dios; aquí y en la dulcísima campaña umbra contemplaba las maravillas del Señor; y amaba hablar alegre a las alondras y a todos los animales.
Desde esta terraza la mirada espacia ansiosa por la selva increíblemente verde a la búsqueda de las grutas de los primeros discípulos del Santo y de todos aquellos hombres que son subidos aquí arriba, entre esta soledad llena de Dios y rica de tanto silencio.
Centenares de frailes a lo largo de los ocho siglos de historia franciscana aquí han parado para atingir energía, gracia y luz para una inmensa empresa: transformar el mundo con la levadura revolucionaria del Evangelio y de la pobreza, para ser donadores generosos de riquezas espirituales a todos. Helos aquí… parece de verlos todavía, recogidos en plegaria en la semioscuridad de las humildes grutas, entre el verde de las hayas y el relucir límpido de las encinas, en este mar de silencio profundo roto solamente por el respiro de la naturaleza.
En el claustrillo pénsil, es el pozo de San Francisco. Desde aquí se accede al convento, a la iglesia antigua y a la capillita de S. María a la cual sigue la gruta de San Francisco que introduce, a través de un puentecillo, a la otra parte de la selva.
Il conventinoEl Santuario del Eremitorio de las Carceri, anclado a la roca del monte, ha sido ampliado a lo largo de los siglos, con la fantasiosa inventiva y creatividad de los pobres. Sobre el antiguo Eremitorio, San Bernardino de Siena (siglo XV) hizo construir un minúsculo convento, una obra maestra de simplicidad franciscana y de perfecta armonía.
El conventito emerge entre la mancha de verde intenso de la selva y el perfume de las plantas, como un nido de águila que espacia hacia el valle laborioso, con una arquitectura espléndida en su lineal y sobria simplicidad, engastado mórbidamente en la naturaleza a servicio del espíritu y de la vida. Al conventito se accede a través del refectorio excavado en la roca.
Parece también eso expresar materialmente la alegría de poder compartir todo con los hermanos y parece marcar la inefable presencia de Dios entre cuantos se reúnen en su nombre. Aquí pobreza, mortificación, fortaleza y plegaria parecen tomar cuerpo y hacerse visibles.
Por encima de eso es un breve pasillo con las celdas de los frailes, que se agarra al monte y que expresa muy bien – en la desnuda e intacta simplicidad – aquel espíritu de pobreza, que atingido a la vida ejemplarísima de Francisco ha continuado a florecer en el Orden minorítico.
Grotta di San FrancescoCuando Francisco llegó aquí por la primera vez había solamente grutas naturales en el corazón de la densa espesura. Ellas han impuesto su gusto y el estilo arquitectónico a las construcciones, respetadas con veneración a lo largo de los siglos.
¡Por un estrecho pasaje se baja a la gruta del Santo!
De verdad Francisco había puesto su nido en la roca y casi aprisionado en este hueco de piedra se sumergía siempre más profundamente en la meditación de la pasión de su Señor y mientras sus manos se agarraban a la roca, se hacía más fuerte el recuerdo de la muerte de Cristo. Para Francisco la piedra es Cristo y él recordaba cómo las rocas se rompieron a la muerte del Señor.
A noche, debilitado por las penitencias y por los ayunos tendía el frágil cuerpo sobre la desnuda piedra.
Il Bosco SacroUn puente conecta el Eremitorio a la otra parte de la selva donde son todavía visibles las grutas de Fraile León y de otros compañeros del Santo. Aquí la mirada se detiene sobre la secular encina y parece de reescuchar las palabras del Santo lleno de amor a los pájaros:
«Hermanos míos alados, mucho debéis loar a vuestro Creador y amarlo siempre porque os dio las plumas para vestiros y las penas para volar… os hizo nobles entre las otras criaturas y os concedió de morar en la limpidez del aire… vosotros no sembráis y no segáis, y sin embargo él mismo os protege y os gobierna sin alguna vuestra solicitud. Y ellos daban signos de exultación extendiendo el cuello y alargando las alas… luego los bendijo dando a ellos licencia de partir.»
La garganta de esta montaña no es cerrada; dos inmensos costillares se abren hacia la llanura umbra. Ellos parecen alargarse como dos brazos potentes para abrazar el mundo, como Francisco y los suyos que, revigorizados en el espíritu, bajaban entre los hermanos para anunciar a todos el amor, la ternura y la misericordia de Dios.
Lugar de descanso de la Santa y el Crucifijo de San Damián
Se encuentran los restos mortales de la Santa y Crucifijo de San Damián que es el mismo que se dice haya hablado a San Francisco en el 1182
La iglesia que la fe y la piedad popular erigieron en honor al primer y más fiel discípulo de San Francisco. La Basílica se construyó junto a la antigua iglesia de San Giorgio, el primer lugar de sepultura de San Francisco en 1226 y Santa Clara en 1253.
La construcción de la Basílica y del Monasterio adyacente comenzó en 1257, dos años después de la canonización de Clara. El 3 de octubre de 1260, el cuerpo de la santa fue depositado bajo el altar mayor, y la solemne consagración de la Basílica se celebró en 1265.
El Exterior y la NaveLa distintiva fachada, al igual que todo el complejo basilical, está embellecida exteriormente con franjas alternas de piedra blanca y rosa de Subasio. A la izquierda del edificio se pueden ver tres grandes arbotantes construidos a finales del siglo XIV. El interior de la basílica, que en su día debió estar completamente decorado con frescos, es lineal y despejado en su planta gótica de cruz latina, con una sola nave que termina en un crucero con ábside poligonal.
Capilla de San Jorge y el CrucifijoDesde el lado derecho de la nave, se accede a la Capilla de San Jorge. Esta contiene el precioso Crucifijo que habló al joven Francisco en la iglesia de San Damián. Es un icono de estilo bizantino del siglo XII con forma curva.
Mientras oraba ante este crucifijo, San Francisco, en 1205, recibió la llamada a trabajar por la Iglesia del Señor: «Ve, Francisco, repara mi casa que, como ves, está en ruinas». Inicialmente interpretó la voz de Cristo como una petición de restauración material de la pequeña iglesia de San Damián, y solo más tarde comprendió que el Señor lo llamaba a trabajar por la Iglesia construida con piedras vivas.
Tras el crucifijo, la capilla está adornada con frescos del siglo XIV, entre ellos la Maestà de Puccio Capanna (1335): representa a la Virgen entronizada con el Niño bendiciéndolo, con Santa Clara y San Juan Bautista a la izquierda, y San Miguel Arcángel y San Francisco a la derecha. A la derecha, tras la reja, se encuentra el coro, lugar de oración de las hermanas Clarisas.
El Altar Mayor y el ArteEl altar mayor está rodeado por una pérgola de 12 columnas poligonales, obra de un cantero umbro del siglo XIV, con una puerta medieval de hierro forjado. Sobre el altar mayor se alza la grandiosa cruz de Madre Benedicta (1260), atribuida al llamado «Maestro de Santa Clara», a quien también se le atribuye la tabla de Santa Clara y la de la Virgen de la Cortina. A los pies de Cristo, Francisco y Clara están en adoración y la imagen de la abadesa Benedicta, quien la encargó.
El crucero izquierdo alberga el retablo de Santa Clara (Clara señala la cruz: Cristo y, a su alrededor, ocho escenas de su vida, 1283). En el muro del fondo se encuentra un belén delicadamente pintado de la escuela umbro-sienesa del siglo XIV. Los lunetos representan escenas del Antiguo Testamento (finales del siglo XIII).
En el brazo derecho del crucero se encuentra el retablo de la Virgen con el Niño (Madonna della Cortina, segunda mitad del siglo XIII). Los frescos también hacen referencia a Santa Clara (muerte y funeral de la santa) y escenas bíblicas del Maestro expresionista de Santa Clara (primera mitad del siglo XIV).
El mismo artista probablemente también pintó al fresco las cuatro lunetas de la bóveda de crucería sobre el altar, que representan la gloria celestial en femenino. En cada bóveda se encuentran pintadas dos santas vírgenes, cada una de pie dentro de un edículo de mármol con sus nombres escritos debajo: en la bóveda que da al ábside, la Virgen María y Santa Clara; en la bóveda sur, Santa Cecilia y Santa Lucía; en la bóveda que da a la nave, Santa Inés Mártir y Santa Inés de Asís; y en la bóveda norte, Santa Catalina de Alejandría y Santa Margarita.
Capilla de Santa InésCerca del crucero, a la izquierda, se encuentra la Capilla de Santa Inés, hoy Capilla del Santísimo Sacramento. Se accede a ella a través de un gran arco apuntado, rematado por una balaustrada de piedra y con una puerta de hierro forjado. Aquí están enterradas santas Inés y Beatriz, hermanas de Santa Clara, su madre Ortolana, su prima Amata y la Madre Benedicta, la primera abadesa después de Santa Clara.
La Cripta y las ReliquiasLas escaleras, situadas al nivel del segundo tramo de la Basílica, conducen a la cripta. Construida entre 1852 y 1872, y renovada en 1935 en estilo neogótico, alberga los restos mortales de Santa Clara, venerados en una sencilla urna de piedra blanca y rosa de Subasio. El espacio donde se exhiben las reliquias franciscano-clarianas fue construido recientemente.
El cuerpo de Santa Clara, hallado bajo el altar mayor en 1850, es el corazón de este lugar. Clara, quien a lo largo de su vida se convirtió en oración, hoy intercede ante el Padre por sus hijas e hijos. Por sus méritos, un nuevo soplo del Espíritu trae alivio al corazón quebrantado y humillado de cada hombre.
Donde reposa el Santo Obispo de Asís
Es una imponente iglesia románica umbra con una larga historia de construcción iniciada en el 1140. Su fachada es su elemento más distintivo, caracterizada por tres portales, entre los cuales aquel central que destaca por las decoraciones con esculturas de figuras humanas, animales, símbolos bíblicos y motivos geométricos. Su interior, a diferencia de la fachada, presenta modificaciones renacentistas debidas a trabajos de consolidación y conserva un baptisterio donde fueron bautizados San Francisco y Santa Clara.
La Catedral de San Rufino, venerado como primer obispo y patrono principal de Asís, conocido por haber sacrificado su vida por la comunidad.
Historia y FundaciónEn el año 1134 el Capítulo de los canónigos de San Rufino, presidido por el Prior Raniero, decidió de abatir la Basílica Ugoniana y de construir una nueva y más imponente catedral: esa vino edificada entre el muro de cinta romano y el lado posterior de la precedente, de la cual fueron conservados solamente la cripta y la torre campanaria. Una lápida murada al exterior del ábside recuerda que los trabajos para el nuevo templo, ejecutados sobre proyecto del maestro Juan de Gubbio, fueron iniciados en el 1140:
“En el año del Señor 1140 y sobre el fin del cuarto mes de abril, este duomo fue comenzado y conducido proveyendo a los gastos el prior Raniero en honor de S. Rufino, y Juan de Gubbio, que fue maestro en este duomo dio por primero el diseño y, mientras vivió, ne presidió el alzamiento.”
Ocurrieron muchos años para llevar a cumplimiento la nueva Catedral, que San Francisco vio todavía en construcción, porque las discordias civiles entre las facciones ciudadanas y los conflictos con las ciudades vecinas ralentizaron notablemente el proceder de la obra. Se debió esperar al 1210 para que, con un pacto de pacificación entre los Maiores y los Minores de la ciudad, fuese establecida la prosecución de los trabajos. En el 1212 vinieron trasladadas en el presbiterio los huesos de San Rufino, mientras el altar fue consagrado en el 1228 por papa Gregorio IX y solo en el 1253 Inocencio IV consagró la entera iglesia.
Reputada – sobre todo gracias a su espléndida fachada – uno de los máximos obras maestras de la arquitectura románica umbra, la Catedral proyectada por Juan de Gubbio era en origen a planta basilical, con tres naves escandidas por pilares muy altos y capiteles. La nave central tenía una cobertura realizada enteramente en madera, mientras la estructura lígnea de las naves laterales era sostenida por arcos ojivales en piedra. En la navecilla izquierda, el primer intervalo en proximidad del presbiterio mostraba las impostas de una bóveda asimétrica, pero esta solución fue enseguida abandonada por su fragilidad. El edificio era coronado por una cúpula a casquete, sostenida por pechinas esféricas. El área presbiterial era sobreelevada, accesible trámite escalones: por debajo de ella se abría una cripta.
La Fachada: Obra maestra del románicoLa fachada de la Catedral de San Rufino representa uno de los máximos ejemplos de la arquitectura románica en la Italia Central. Tripartita por lesenas, que subrayan como en el espacio interno correspondiente hayan tres naves, esa es subdividida en tres órdenes, escandidos por un fingido logiado y por dos marcos de arquitos ciegos y pénsiles. El ritmo ternario regula también algunos elementos arquitectónicos y decorativos, con una función fuertemente simbólica: tres son de hecho los portales y las lunetas sobrestantes, tres los rosetones, tres los telamones (las figuras humanas que parece sostengan con mucha fatiga el rosetón central).
El orden inferior y los portalesEn el orden inferior marcos moldurados en travertino delinean un retículo de recuadros de altura creciente, para conferir al todo un ritmo ascensional. En esta zona son presentes además los tres espléndidos portales finamente esculpidos. En aquel mayor las dos jambas son realizadas con taraceas a diseño geométrico; el sobrestante arquitrabe en travertino muestra un motivo decorativo a espiral. La luneta es en piedra roja esculpida y representa al interior de un clípeo Cristo en trono, al centro de la esfera celeste que con la mano izquierda sostiene el libro del Evangelio y con la otra bendice. A izquierda, junto al clípeo, es representada la Virgen que amamanta al Hijo, mientras a derecha viene reconocida la figura de San Rufino, con los hábitos episcopales y un libro en mano.
En el borde inferior, se divisan tres cabecitas de incierto significado. Todo alrededor a la luneta y al portal verdadero y propio corren arquivoltas concéntricas en travertino, mármol y piedra roja. En ellas se ven sarmientos entrelazados, columnitas superpuestas, personajes que recogen frutos, animales monstruosos, fieras que se persiguen o luchan, santos, ángeles, músicos, parejas de hombres y mujeres danzantes. Encuadran el portal mayor dos leones agazapados: uno es representado en el acto de devorar un hombre, el otro león aferra una presa animal.
Los portales laterales son más simples del portal mayor: son de hecho adornados por una sola arquivolta, que contornea también las lunetas, refinada por un marco a dentículos. En los clípeos se alternan flores y animales reales o fantásticos: en el clípeo central de ambos los arquitrabes es presente el Agnus Dei. Las jambas del portal de derecha son sostenidas por dragones; aquellos del portal de izquierda por leones alados. En la luneta de la puerta a derecha se reconocen dos pavones afrontados que se abrevan al mismo vaso, mientras la luneta del portal a izquierda presenta dos panteras (o leones).
La zona mediana y los rosetonesLa zona mediana es dominada por los tres rosetones en eje con los portales y, por tanto, dispuestos en correspondencia de las naves. El rosetón central es constituido por tres giros concéntricos: la parte más interna y aquella más externa son formadas por arcadas; la parte intermedia es constituida por pequeñas hojas. Observando el rosetón se puede notar como este pueda ser idealmente inscrito en un cuadrado, gracias a los cuatro símbolos de los Evangelistas que lo rodean (el así llamado Tetramorfo). En bajo a izquierda está el toro de San Lucas, en alto a izquierda el águila de San Juan, en alto a derecha el hombre o el ángel de San Mateo, en bajo a derecha el león de San Marcos. Sostienen el rosetón tres telamones, figuras masculinas que apoyan a su vez sobre un grifo, un dragón y una mangosta.
Los dos rosetones laterales son más pequeños de dimensiones y más simples: reencontramos en ambos el giro de las pequeñas arcadas de la rosa central. El rosetón de izquierda presenta al centro San Miguel Arcángel que traspasa el dragón; a los lados, de una parte se ve un personaje vestido de clérigo, de la otra una figura que viste hábitos de monje. Junto al rosetón a derecha las esculturas son todas caídas, excepto el perro colgado en vertical.
La zona superiorLa zona superior, más desnuda de las otras, presenta un coronamiento a tímpano triangular, añadido quizás en el XIII siglo, conteniendo un arco ojival, probablemente destinado a acoger un mosaico jamás realizado. El tímpano es sobrestado por la Cruz que concluye la ornamentación de la entera fachada: esta última ha sido justamente definida como una “síntesis teológica” de las doctrinas concernientes Cristo y la Virgen en el primer milenio del cristianismo.
Templo de Minerva
Es un ejemplo de arquitectura que funde estilos cristianos y antiguos, siendo construida sobre las ruinas de un antiguo templo romano dedicado a la diosa Minerva.
La iglesia se llama “Santa Maria sopra Minerva”, porque utiliza el antiguo templo romano dedicado a la diosa Minerva, reina de la sabiduría y de la paz en la época pagana.
Las seis espléndidas columnas corintias y toda la fachada se conservan intactas después de más de 2000 años. El peregrino sube las escaleras con profunda emoción. Los muros laterales del edificio también están bien conservados, pero solo son visibles desde el exterior.
En el 295 a. C., Asís cayó bajo el control de Roma, tras vencer a los federados itálicos. En el 88 a. C., la ciudad fue elevada a municipio romano, con todos los derechos y un sistema similar al de Roma.
Durante el reinado del emperador Augusto, la ciudad de Asís se transformó en un centro residencial y turístico bien organizado (28-25 a. C.). Se diseñó el gran Foro (un rectángulo de 44 x 88 metros), se construyeron varios templos, se completaron las murallas, se abrieron los baños termales y manantiales para la práctica de la bebida, y se construyeron el teatro y el anfiteatro.
Entre los numerosos monumentos, destaca el Templo de Minerva. Antaño se alzaba sobre el complejo del Foro y aún domina la Piazza del Comune, el corazón de Asís y una maravillosa muestra de la arquitectura medieval. Situado en el centro de la ciudad como un podio, el Templo de Minerva ha sido testigo de los acontecimientos de Asís durante siglos, tanto durante el período imperial como durante la decadencia gradual del Imperio romano.
El Templo en la era cristianaDurante mucho tiempo centro de culto pagano, con el avance del cristianismo el hermoso Templo fue testigo del heroísmo de los primeros mártires, condenados en el Tribunal ante sus silenciosas columnas.
Recordemos algunas fechas de esta nueva era que allanó el camino para el Asís cristiano. En el año 313 d. C., los emperadores Constantino y Licinio promulgaron el Edicto de Tolerancia hacia el cristianismo. En el año 341, Constantino II y Constancio prohibieron el paganismo y las celebraciones paganas en los templos, bajo pena de muerte. En el año 380, bajo el emperador Teodosio, el cristianismo se convirtió en la religión oficial. En el año 435, Teodosio II ordenó colocar la señal de la cruz en todas partes.
Después de cesar el culto pagano, el Templo de Minerva permaneció abandonado y en silencio durante más de un siglo, sin saber ya qué decir ante las cambiadas condiciones políticas y religiosas.
En una fecha indeterminada, pero probablemente en la segunda mitad del siglo VI d. C., los monjes benedictinos restauraron el Templo y lo utilizaron. Dividieron la cella en dos plantas, creando las viviendas en la parte superior y la iglesia de San Donato en la inferior. El pronaos también estaba dividido en dos plantas. ¡Era una vivienda cómoda y segura!
El Templo en tiempos de San FranciscoCon escritura de 24 de mayo de 1212, los benedictinos concedieron en arrendamiento por cien años todas las estancias del Templo al nuevo Ayuntamiento de Asís (fundado en 1198 e iniciado principalmente tras la paz con Perugia en 1210), pero reservaron para sí como viviendas las habitaciones situadas en la parte alta del pronaos.
Los magistrados municipales trasladaron sus oficinas a las habitaciones situadas sobre la celda del Temple (desde su ubicación demasiado descentralizada cerca de San Rufino). El 23 de febrero de 1215, el podestá ya ejercía allí sus funciones y permanecería allí hasta 1270.
El sigilo del Ayuntamiento de Asís ostenta la efigie de Minerva, o Nicéfora. Por ello, los magistrados de la ciudad autentican la tumba del difunto Francisco con el anillo de firma que lleva la figura de Minerva.
En la primavera de 1270 el podestá se instaló en el cercano Palacio del Capitano del Popolo, donde permaneció hasta 1300, cuando cesó en su cargo. Cabe destacar que, durante los siglos XIII y XIV, el pronaos sirvió como Tribunal Cívico y la pequeña iglesia de San Donato se utilizó como prisión municipal al menos hasta principios del siglo XV. Véase, a este respecto, el fresco de Giotto en el ciclo pictórico de la Basílica Superior de San Francisco (ventanas con rejas, etc.).
Dedicación del Templo a la Reina de la SabiduríaEn 1456, con la prisión clausurada, se reabrió la iglesia de San Donato. Mientras tanto, se difundía la cultura del Renacimiento italiano, que valorizaba el mundo clásico (literatura griega y romana, escultura, arquitectura, etc.).
Entre 1527 y 1530, los magistrados de Asís, impulsados por las peticiones y quejas de los ciudadanos, ordenaron restauraciones urgentes. En 1539, el papa Pablo III, de visita en Asís, ordenó la restauración completa del Templo de Minerva y su dedicación a la Virgen, reina de la verdadera sabiduría. El templo adoptó el nombre de «Santa María sopra Minerva».
Existe pues una interesante continuidad entre la dedicación del Templo a Minerva, diosa de la sabiduría pagana, y la dedicación a la Virgen, reina de la sabiduría cristiana.
Restauraciones de estilo barrocoMediante documento fechado el 5 de abril de 1613, el obispo de Asís, Marcello Crescenzi, con el consentimiento del Ayuntamiento, donó la iglesia a los Frailes de la Tercera Orden Regular de San Francisco para asegurar mejor el servicio litúrgico. Los frailes tomaron posesión de ella el 15 de abril de 1613 y permanecieron allí ininterrumpidamente durante 145 años.
En 1634 los frailes emprendieron importantes obras de renovación bajo la dirección del arquitecto de Asís Giacomo Giorgetti. Eliminó las estancias de la parte superior de la celda del Templo, construyó la bóveda de cañón, amplió la superficie de la celda hasta el muro de soporte situado detrás de ella (5,45 m) y diseñó el monumental altar mayor.
Las cuatro columnas corintias, la cornisa y el frontispicio del altar son de terracota recubierta de estuco y adornada con oro. Las demás partes y los querubines son todos de estuco. En el centro del frontispicio, un cuadro de Giorgetti representa a Dios Creador, rodeado de ángeles, en el acto de abrazar toda la creación.
Sobre la pintura había una inscripción en latín (ahora conservada detrás del altar): "Este glorioso templo, una vez dedicado a Minerva, diosa de la falsa sabiduría, [ahora está consagrado] a la Madre de la verdadera sabiduría".
En la cornisa del altar, que corresponde a las cuatro columnas corintias, se encuentran las estatuas simbólicas de la Pureza y la Caridad, así como dos ángeles de gran tamaño. Dos ángeles más pequeños rematan un frontón curvo, sobre el cual se encuentra el monograma radial de la Virgen, entre dos querubines.
A media altura, entre las columnas, dos querubines de relieve completo y de gran factura ondean a cada lado. Más arriba, al fondo, hay varios querubines en forma de glorias, sosteniendo coronas de flores, en un ambiente alegre y festivo.
De los Terciarios Franciscanos a los Filippini del OratorioEl 8 de mayo de 1758, los Terciarios Regulares, tras haber construido el nuevo Convento de San Antonio de Padua y su iglesia contigua, cedieron el Templo a la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri. Los Filippini construyeron inmediatamente un gran convento (actualmente Palacio Bozzoni) y desmantelaron las pequeñas habitaciones que aún ocupaban la parte superior del pórtico.
El altar de Giorgetti fue remodelado según criterios cuestionables, inspirados en el gusto de la época. El retablo, ya de estilo románico, fue reconstruido y configurado como sarcófago, al igual que los nuevos altares laterales.
A los lados del altar, los dos grandes medallones de Giorgetti (Nacimiento de la Virgen y Presentación en el Templo, Virgen Anunciada y Ángel Anunciador) son eliminados y sustituidos por dos coros ornamentales. Las estatuas subyacentes de San Roque y San Sebastián fueron sustituidas por estatuas de yeso de los santos Pedro y Pablo, con sus símbolos (la llave y la tiara papales, la espada y el libro). La Virgen con el Niño, de madera, también fue retirada del centro del altar y reemplazada por una pintura de San Felipe Neri. Las tres estatuas fueron trasladadas a la Catedral de San Rufino. No queda rastro de ellas.
La inscripción en lo alto del altar mayor se sustituye por la siguiente: "A Dios Altísimo en honor de la Bienaventurada Virgen María, madre de la verdadera sabiduría, y de San Felipe Neri".
En la bóveda (1760): medallón con San Felipe en gloria, sostenido por cuatro ángeles de estuco dorado en relieve; alegoría de las cuatro virtudes cardinales (Justicia y Fortaleza a la derecha, Prudencia y Templanza a la izquierda), sentados sobre nubes y rodeados de querubines dorados. Se trata de pinturas al temple de Francesco Appiani. Sobre el altar mayor (1760): luneta con las tres virtudes teologales (témperas de F. Appiani). En la contrafachada, sobre el órgano: luneta con numerosos ángeles músicos (témperas de F. Appiani).
Los dos altares laterales se añaden en una composición minimalista. Dos columnas rosas, con capiteles dorados, se encierran en pilastras segmentadas, dispuestas oblicuamente respecto al fondo. La cornisa, con sus bordes curvos, descansa sobre este plano. Sobre ella se encuentra una voluta curva, encerrada a cada lado por un ángel de estuco dorado. En el centro del altar, dos querubines ondeantes sostienen la corona de gloria. La arquitectura es de madera teñida con mármol.
Lienzos en los altares laterales (1764): Muerte de San Andrés Avellino, pintado por A. M. Garbi (derecha); Muerte de San José, pintado por el austriaco Martino Knoller (izquierda). Un doble mensaje para una muerte feliz.
La gran sacristía fue construida (1658-1659) según un diseño de Pietro Carattoli de Perugia. En ella admiramos: la Crucifixión (lienzo de F. Appiani); el Ángel Anunciador y la Anunciación (de G. Martelli); San Francisco de Sales, San Nicolás de Bari, San Liborio, la Natividad, la Anunciación a los Pastores y la Burla de Cristo (de Bassano); San Jerónimo el Penitente (de G. Giorgetti); la Venida del Espíritu Santo (Sermei, 1630); y la Visión de San Felipe (de B. Orsini).
Se instala por primera vez el órgano de tubos (reconstruido en 1957 por la empresa Ruffatti de Padua, restaurado en 1997 por la empresa Valentini de Umbría).
El actual salón de la iglesia mide 11,55 metros de ancho y 20,20 metros de largo (es decir, 1,80 metros más estrecho y 5,45 metros más largo que la antigua cella del Templo original). Con la represión napoleónica de 1810, los filipinos se vieron obligados a abandonar el Templo de Minerva, que pasó al clero secular. En 1896, una estatua de yeso de Nuestra Señora de Lourdes, traída como regalo desde Francia a la ciudad de Asís, fue colocada en el centro del altar mayor, en sustitución de la pintura de San Felipe Neri.
De nuevo la Tercera Orden Regular de San FranciscoCon escritura de 14 de abril de 1918, la Iglesia de S. Maria sopra Minerva, después de un paréntesis de ciento sesenta años, fue confiada de nuevo a los Frailes de la Tercera Orden Regular de San Francisco, que todavía ofician allí con fe y amor.
Entre 1989 y 1995 se llevaron a cabo importantes obras de restauración y renovación: limpieza de las columnas y la fachada románica, limpieza del altar mayor, pintura en frío del interior, suelos, sistemas eléctricos y de microfonía, calefacción por suelo radiante y remodelación de los espacios litúrgicos según las tendencias modernas. El gran altar central simboliza a Cristo, en torno al cual se reúne la comunidad cristiana. De hecho, la iglesia es, ante todo, un lugar de oración.
Basílica de Santa María de los Ángeles
La Porciúncula de Santa María de los Ángeles es una pequeña iglesia situada al interior de la basílica de Santa María de los Ángeles, cerca de Asís, enumerada entre los lugares franciscanos más importantes: entre sus muros, san Francisco comprendió de hecho su vocación, acogió a santa Clara y a los primeros frailes, recibió finalmente el así llamado Perdón de Asís, deviniendo uno de los lugares predilectos por el santo
La Basílica Patriarcal de Santa María de los Ángeles en la Porciúncula encierra, entre las blancas paredes del templo del siglo XVI, la venerable iglesita de la Porciúncula, lugar de la vida evangélica y fraterna de Francisco y de la primera generación franciscana, y lugar santo en el que Francisco, la tarde del 3 de octubre de 1226, «cumplidos en él todos los misterios de Cristo, acogió a la hermana muerte cantando». El templo dedicado a la Reina de los Ángeles, la «Dama pobre» de la Porciúncula, que guió maternalmente a Francisco y a los hermanos de la naciente comunidad, es custodiado con celosa ternura por los Hermanos Menores Franciscanos. En la Porciúncula estamos verdaderamente en la fuente del franciscanismo, en la limpia fuente del Perdón de Asís y de la misericordia de Dios.
A los pies de la colina de Asís, se yergue solemne y majestuosa, la Basílica Patriarcal de Santa María de los Ángeles en la Porciúncula, levantada entre los años 1569 y 1679, para engarzar los lugares santos de la vida y la muerte de San Francisco.En el centro del vasto templo renacentista se encuentra la humilde iglesita benedictina del siglo IX llamada Porciúncula, que el Santo reparó con sus propias manos (1207).Aquí fue donde Francisco, que tenía veintitantos años, al escuchar la lectura del Evangelio, comprendió definitivamente su propia vocación, renunció al mundo para vivir en radical pobreza y comenzó a dedicarse al apostolado itinerante. En la Porciúncula recibió el Santo a sus primeros seguidores y fundó la Orden de los Hermanos Menores, y en 1211, con la vestición de Santa Clara, fundó también aquí la Orden de las «Damas Pobres», las Clarisas. Aquí celebró el Santo los primeros Capítulos (reuniones generales de los frailes), y desde la Porciúncula envió a sus seguidores como misioneros de paz a los hombres de toda la tierra. En la Porciúncula, Cristo, apareciéndose a Francisco, le concedió, por intercesión de María, la extraordinaria indulgencia del Perdón de Asís (1216).Junto al ábside de la Basílica, en el interior, está la Capilla del Tránsito, donde Francisco acogió a la muerte cantando (3 de octubre de 1226).A la derecha de la Basílica están la Rosaleda, en la que el Santo se arrojó entre las espinas para vencer una tentación, y la Capilla de las Rosas, lugar en el que Francisco tomaba breves descansos.Un particular interés espiritual, histórico y artístico revisten: la Cripta, el antiguo conventito (siglos XIII-XIV), el Museo, como también la grandiosa Basílica enriquecida con notables obras de arte: frescos, lienzos, estatuas y obras en madera valiosísimas.
Desde los tiempos del Santo comenzó una polémica arquitectónica que terminó, tras varias vicisitudes, con la construcción de la grandiosa Basílica del siglo XVI.En vida de Francisco, después de la construcción de la casa del Ayuntamiento detrás de la Porciúncula, construcción duramente criticada por el Santo, florecieron en el entorno varios edificios pobrísimos para los frailes que moraban aquí y para los que, cada vez en mayor número, llegaban a este lugar procedentes de todos los lugares de la tierra.Grandes trabajos se realizaron ya en 1230, año en que se construyeron el refectorio y otras dependencias contiguas, parte de las cuales pueden verse todavía. En torno a la iglesita se levantaron enseguida varias galerías porticadas y oratorios en recuerdo de episodios vividos aquí por el Santo. Un conjunto riquísimo de recuerdos demolidos irremediablemente al construir el gran templo y de los que han aparecido los cimientos en la campaña de excavaciones realizada en los años 1967-1969, cuando se renovó el pavimento de la Basílica.La grandiosa Basílica, cuya construcción se inició en 1569, el 25 de marzo, fiesta de la Anunciación, se erigió para acoger a las multitudes de peregrinos que llegaban aquí de todas partes del mundo, especialmente con motivo de la Fiesta del Perdón de Asís. El templo se terminó en 1679. De las dos torres de campanas previstas en un principio, sólo se ha construido la de la derecha.El inmenso templo, proyectado por el arquitecto de Perusa Gian Galeazzo Alessi, fue realizado con gran majestad y consta de tres naves y capillas laterales ricamente adornadas y con frescos que constituyen un complejo significativo y grandioso del prebarroco italiano. Una de las capillas fue decorada por pintores barrocos (1592), bastante antes de que se concluyeran los trabajos de la Basílica; las otras han sido decoradas por Pomeracio, Sermei, Appiani, Giorgetti y otros grandes artistas.A causa del violento terremoto de 1832 se derrumbó la nave central hasta el crucero y parte de las naves laterales, quedando en pie la cúpula, el ábside y las capillas laterales. El edificio fue reconstruido en sus formas originales por Luigi Poletti (1836-1840).La bellísima cúpula, obra maestra de hermosas y bellas líneas, es alta y esbelta. Se apoya en un tambor poligonal con ocho ventanales y cornisa. Es la obra de Alessi que ha sobrevivido. Tras el terremoto de 1832 se le hizo un cerco o abrazadera metálica, y es un punto de referencia desde cualquier parte de la llanura.Son notables en la Basílica las obras de madera con tallas y esculturas del siglo XVII: los coros, grande y pequeño, el púlpito, la espaciosa y espléndida sacristía y el armario de las reliquias
CAPILLA DE LA PORCIÚNCULAEn la verde llanura umbriana, en el corazón de la pequeña ciudad de Santa María de los Angeles, se alza el inmenso templo de la Basílica de la Porciúncula, del siglo XVI. Esta Basílica nos introduce en el corazón de Francisco y en el misterio mismo de la ciudad seráfica: «En las puertas de Asís está la representación de los bienaventurados espíritus, los ángeles, que están en la presencia de la Santísima Trinidad y forman una corona en torno a la Madre de Dios... oh María, Reina de los Ángeles, desde aquí nos muestras el camino del paraíso» (Juan XXIII).La Basílica encierra desde hace siglos entre sus blancos muros, a manera de un relicario, la perla preciosísima de la iglesita de la Porciúncula. Es éste el lugar más sagrado y venerable del franciscanismo, la «cuna pétrea de los Menores» donde, como puntualiza en una síntesis estupenda San Buenaventura, segundo biógrafo de San Francisco, éste «comenzó humildemente, prosiguió virtuosamente y concluyó felizmente su camino espiritual». Cuando Francisco llegó aquí a principios del siglo XIII, la iglesita humilde y solitaria dedicada a la Asunción de la Virgen estaba rodeada por un bosque de encinas y se encontraba en un estado de abandono casi total.Francisco compadecido la reparó con sus propias manos e hizo de ella un punto de referencia para toda su vida y para la vida de la fraternidad franciscana.Fue aquí donde bajó a su corazón inflamado de ardor juvenil, aún inquieto y a la búsqueda, aquella palabra encendida de Cristo que lo arrancó definitivamente del mundo y de las cosas de antes, empujándolo con fuerza y entusiasmo por el camino del Evangelio.El 24 de febrero de 1208 resonó en esta pobre iglesia en lo profundo del corazón de Francisco la invitación urgente del Señor Jesús: «Id... anunciad que el reino de los cielos está cerca, no llevéis oro ni plata, ni alforjas... no os preocupéis por el mañana... gratuitamente habéis recibido, dad gratuitamente... al entrar en las casas decid: ¡Paz, paz!». Francisco quedó iluminado con estas palabras y, lleno de incontenible alegría, pronunció su más grande e irrevocable sí, comenzando a recorrer el camino de la libertad: «Esto es lo que quiero -afirmó-, esto es lo que deseo hacer con todo mi corazón».Enseguida abandonó sus ricos vestidos, se vistió con una túnica en forma de cruz y a todos y por doquier comenzó a desvelar con palabras ardientes el precioso tesoro que, finalmente, había descubierto y que le estaba llenando el corazón de una desconocida e incontenible alegría: Cristo, el Señor.Aquí estableció su morada habitual. Aquí acogió a los primeros seguidores. Aquí fundó la Orden de los Hermanos Menores, los Franciscanos, concretando con ellos su primera y más significativa experiencia de vida evangélica, y aquí creció la Orden, como sobre un fundamento estable.Francisco consiguió la Porciúncula como un regalo de los Monjes Benedictinos del monte Subasio, a condición de que hiciera de ella el centro y la casa madre de la propia familia religiosa, y desde entonces la pequeña iglesita no ha sido nunca abandonada por los frailes.Aquí, la noche del Domingo de Ramos de 1211, el Santo acogió a Clara de Asís y la consagró al Señor. Aquí maduró, en la oración y en la atención más profunda hacia todos los hombres de su tiempo, la institución de la Orden Franciscana Seglar (Orden Tercera), para abrir a todos los hombres y mujeres la posibilidad de compartir su proyecto de vida evangélica. Fue aquí donde el Santo celebró los primeros capítulos de sus frailes, reuniones generales en las que participaban inicialmente todos sus hijos.Aquí el Santo previó la admirable expansión de su familia religiosa y aquí pudo con inmensa alegría constatar la realización de este sueño.De aquí el ejército pacífico de sus hijos se extendió, como río benéfico, por toda la tierra produciendo un nuevo Pentecostés de vida cristiana. Aquí, en una noche de gracia y de luz de 1216, arrancó del corazón de Cristo y de la beatísima Virgen que se le aparecieron, la promesa extraordinaria de que cuantos, a lo largo de los siglos, se dirijan a orar en la Porciúncula, contritos y confesos, obtengan la remisión total de sus culpas -el perdón de Asís- y aquí, finalmente, rico en méritos y virtudes, concluyó su vida acogiendo a la muerte cantando (3 de octubre de 1226).La antigua iglesita de Santa María de los Ángeles o de la Porciúncula es la cuna e iglesia madre de la Orden de los Menores. Francisco la amó más que a todos los demás lugares de la tierra y, moribundo, la encomendó a sus hijos como morada «queridísima de la Madre de Dios». Fr. León, amigo, confidente y confesor de Francisco, en el «Espejo de perfección», sintetiza el amor del seráfico Padre por la iglesita de la Porciúncula en el siguiente pasaje:«Lugar santo, en verdad, entre los lugares santos. Con razón es considerado digno de grandes honores. Dichoso en su sobrenombre [la Porciúncula]; más dichoso en su nombre [Santa María]; su tercer nombre [de los Ángeles] es ahora augurio de favores. Los ángeles difunden su luz en él; en él pasan las noches y cantan. Después de arruinarse por completo esta iglesia, la restauró Francisco; fue una de las tres que reparó el mismo Padre. La eligió cuando cubrió sus miembros de saco. Fue aquí donde domeñó su cuerpo y lo obligó a someterse al alma. Dentro de este templo nació la Orden de los Menores cuando una multitud de varones se puso a imitar el ejemplo del Padre. Aquí fue donde Clara, esposa de Dios, se cortó por primera vez su cabellera y, pisoteando las pompas del mundo, se dispuso a seguir a Cristo. La Madre de Dios tuvo aquí el doble y glorioso alumbramiento de los hermanos y las señoras, por los que volvió a derramar a Cristo por el mundo. Aquí fue estrechado el ancho camino del viejo mundo y dilatada la virtud de la gente por Dios llamada. Aquí, compuesta la Regla, volvió a nacer la pobreza, se abdicó de los honores y volvió a brillar la cruz. Si Francisco se ve turbado y cansado, aquí recobra el sosiego y su alma se renueva. Aquí se le muestra verdadero aquello de que duda y además se le otorga lo que el mismo Padre demanda»
INTERIOR DE LA PORCIÚNCULAEl interior de la Porciúncula, puro, descarnado y sencillo, es de sabor gótico por el fuerte empuje vertical de la bóveda dado sin duda por Francisco cuando la restauró. La Porciúncula parece transmitirnos el eco incesante de la oración del Santo y de la primera generación franciscana, que vivió aquí contenta con solo Dios. Es un conmovedor testimonio de la sencillez y pobreza franciscana. Con respecto a ella Francisco solía repetir: «Este lugar es verdaderamente santo y morada de Dios».Piedras cálidas, luminosas que destilan paz y misericordia, alisadas a lo largo de los siglos por manos devotas que se han agarrado a ellas, como a un ancla de salvación, acercándose durante siglos a la fuente inagotable del Perdón y de la gracia de Dios.Algunos frescos de los siglos XIV y XV, con caras de apóstoles y evangelistas y una piedad, además de varias decoraciones, están en la bóveda y en la parte alta a los lados derecho e izquierdo del minúsculo presbiterio.Pero la obra maestra que ilumina con luz inconfundible y que calienta la iglesita pobrísima incendiándola de colores y de espiritualidad es, sin duda, la grandiosa tabla de 1393, pintada para la Porciúncula, por orden de F. Francesco de Sangemini, en cumplimiento de un voto, por el sacerdote Hilario de Viterbo, de la escuela de Siena. En el centro del retablo está la admirable escena de la Anunciación. En efecto, así como en Nazaret el sí de la Virgen trajo consigo la realización de nuestra salvación, así en la Porciúncula, nueva Nazaret, el sí de Francisco y de Clara y de una multitud innumerable de hermanos que se han adherido al proyecto de Dios, ha hecho florecer una renovada estación de salvación y de gracia para toda la humanidad.Esto mismo parece querer subrayar también San Buenaventura cuando dice: «Mientras moraba en la iglesia de la Virgen, Madre de Dios, su siervo Francisco insistía, con continuos gemidos ante aquella que engendró al Verbo lleno de gracia y de verdad, en que se dignara ser su abogada, y al fin logró -por los méritos de la madre de misericordia- concebir y dar a luz el espíritu de la verdad evangélica» (LM 3,1).Las escenas que giran en torno a la Anunciación reproducen la historia del Perdón de Asís.Abajo, a la derecha, Francisco se arroja desnudo entre las espinas para vencer una violenta tentación. Inmediatamente encima, Francisco, con rosas en la mano, va acompañado por dos ángeles hacia la Porciúncula.En lo alto está la grandiosa escena de la aparición de Cristo y de la Virgen (rodeados por unos 60 ángeles) al Santo arrodillado ante el altar de la Porciúncula en acto de ofrecer una corona de rosas a Cristo y a María.A la derecha bajando, el Santo, ante el Pontífice Honorio III, implora la confirmación de la indulgencia.Abajo está el Santo que desde un púlpito, al lado de la iglesia, junto con los obispos de Umbría, anuncia el extraordinario privilegio del Perdón con las palabras que se han hecho famosas: «Hermanos míos, quiero mandaros a todos al Paraíso».Del aprecio que tenía Francisco a la Porciúncula y que quiso inculcar a sus hijos, dan fe las palabras que el Santo ya moribundo les dirigió y que recoge su primer biógrafo Tomás de Celano: «Mirad, hijos míos, que nunca abandonéis este lugar. Si os expulsan por un lado, volved a entrar por el otro, porque este lugar es verdaderamente santo y morada de Dios. Fue aquí donde, siendo todavía pocos, nos multiplicó el Altísimo; aquí iluminó el corazón de sus pobres con la luz de su sabiduría; aquí encendió nuestras voluntades en el fuego de su amor. Aquí el que ore con corazón devoto obtendrá lo que pida y el que profane este lugar será castigado con mucho rigor. Por tanto, hijos míos, mantened muy digno de todo honor este lugar en que habita Dios y cantad al Señor de todo corazón con voces de júbilo y alabanza» (1 Cel 106). Y ese mismo es el mensaje que nos transmite San Buenaventura: «Amó el varón santo este lugar con preferencia a todos los demás del mundo, pues aquí comenzó humildemente, aquí progresa en la virtud, aquí terminó felizmente el curso de su vida; en fin, este lugar lo encomendó encarecidamente a sus hermanos a la hora de su muerte, como una mansión muy querida de la Virgen» (LM 2,8) .
CAPILLA DEL TRÁNSITOEn el interior de la Basílica de la Porciúncula se ha conservado un lugar tan humilde como precioso: la cabaña de los frailes enfermos -el Tránsito- en la que Francisco pasó de este mundo al Padre.Enfermo hospedado en el palacio episcopal de Asís, vigilado como un tesoro público, sintiendo ya cercano el fin y deseoso de concluir su experiencia allí donde había comenzado a vivir evangélicamente, pidió que lo llevaran a su Porciúncula.Aquí, despojado del hábito de saco, desnudo sobre la desnuda tierra, dictado su testamento espiritual, entre el llanto angustioso de sus hijos y el de Fray Jacoba, Francisco, «cumplidos en él todos los misterios de Cristo, acogió a la muerte cantando», mientras una bandada de alondras revoloteaba de modo insólito en torno al lugar aunque el sol ya se había puesto.El Tránsito (la capilla) inicialmente era una celdita de la primitiva enfermería franciscana o tal vez un trocito de tierra al aire libre ante la misma que inmediatamente después de la muerte del Santo, acotado el ámbito, se transformó en oratorio. Sobre el minúsculo altar, en un relicario de estilo imperio, se conserva el cordón que ceñía en vida la cintura del Poverello. En las paredes, cuatro espléndidos frescos de Juan de Pietro llamado el España (1520) que representan a los primeros compañeros del Santo, Silvestre, Rufino, León, Maseo y Gil, y a los primeros mártires y santos de la Orden de los Menores, Berardo y compañeros. Detrás del pequeño altar, en un nicho, la estatua del Santo de Andrea della Robbia, obra admirable en terracota vidriada, realizada alrededor de 1490, que hoy está en la Capilla del Tránsito, el lugar venerable que acogió los últimos latidos de aquel corazón que no se paró hasta que abarcó en sí al mundo entero. En esta imagen Francisco tiene en sus llagadas manos la cruz y el Evangelio, los grandes amores de toda su vida.En la pared exterior de la capilla que mira hacia la iglesita de la Porciúncula, puede contemplarse el "Tránsito de San Francisco", fresco pintado por D. Bruschi en 1886 .
CRIPTA DE LA BASÍLICA (1965-1970)Bajo el presbiterio de la Basílica se ha construido, en 1968, la nueva cripta de la Basílica. En ella, detrás del altar central, que tiene pie en forma de potente árbol y es obra de Francisco Prosperi, ha sido colocada una espléndida terracota vidriada, coloreada y esmaltada, de Andrea della Robbia (hacia 1490); es un retablo en el que destacan, en la parte de arriba, de izquierda a derecha: San Francisco recibiendo las llagas en el Alverna, la Coronación de la Virgen, y San Jerónimo penitente; y en la parte de abajo, igualmente de izquierda a derecha: la Anunciación, la Natividad, y la Adoración de los Magos.Aquí, durante los trabajos de excavación, salieron a la luz los restos de la casa que el Ayuntamiento de Asís había construido, en ausencia de Francisco, para los frailes que hasta entonces habían vivido en simples chozas; Francisco, cuando regresó a la Porciúncula, comenzó a derribar la casa, pero se lo impidió el Ayuntamiento que reclamó la propiedad de la misma. También se descubrieron restos de las primitivas habitaciones de los frailes, actualmente englobados en la nueva cripta de la Basílica.Aun en la pequeñez de los restos existentes, tenemos aquí una conmovedora imagen de aquella gran sencillez y pobreza que de modo singular caracterizó la vida de la naciente fraternidad de los Menores.
JARDÍN Y CAPILLA DE LAS ROSAS CAPILLA DEL LLANTOEsta zona del Santuario es lo que queda de la antigua selva en la que vivieron los frailes. Estos son también lugares de la vida cotidiana de San Francisco, signo concreto de la vida de un hombre que encontró a Dios y vivió en su amor.Francisco hablaba como amigo con la cigarra, con la cual durante una semana entera alternó aquí en el canto de alabanza al Señor. A su paso las ovejas corrían alegres y festivas para saludarlo, y aquí en la Porciúncula una ovejita lo seguía por doquier y balaba, asociándose a la oración de los frailes en la iglesita. El Santo invitaba a las aves a alabar y dar gracias con el vuelo y el canto a Dios providente que tiene cuidado de ellas, y éstas daban señales de festiva aprobación.Aquí está también la Rosaleda, entre cuyas espinas se revolcó Francisco una noche para vencer la duda y la tentación. Según una tradición, testimoniada ya desde el siglo XIV, las zarzas se cambiaron en rosas sin espinas, que continúan floreciendo, produciendo la «Rosa Canina Assisiensis». ¿Por qué todo esto? Lo explica el papa Pablo VI: «El Pobrecillo de Asís, habiéndolo abandonado todo por el Señor..., recuperó algo de la primitiva felicidad cuando el mundo salió intacto de las manos del Creador..., y casi ciego pudo cantar el Cántico de las Criaturas, la alabanza del hermano sol, de la naturaleza entera convertida para él como en un transparente espejo inmaculado de la gloria divina».En esta misma zona se encuentra la Capilla de las rosas, que es el oratorio surgido en el lugar donde estaba la cabaña habitada por San Francisco; aquí el Santo tomaba el breve reposo y pasaba las noches en la oración y la penitencia.Después de la muerte de Francisco, en el lugar donde estaba su cabaña fue construido este oratorio, que Tiberio de Asís, pintor de la escuela umbriana, decoró entre 1506 y 1516 con una serie de frescos que, además de presentarnos la primera comunidad franciscana en torno a su fundador y a los primeros santos y santas de la Orden, nos proponen la historia del Perdón de Asís en todas sus vicisitudes. En la gruta al lado de la imagen del Santo hay algunos troncos que sirvieron para el púlpito improvisado desde el cual Francisco anunció el Perdón de Asís a los peregrinos. Bajo el altar de la Capilla se encuentra el lugar donde moraba Francisco.A pocos pasos, junto a la Rosaleda, se encuentra la Capilla del llanto, que recuerda el amor de Francisco por el Señor y su llanto acongojado ante Cristo pobre y Crucificado. El episodio del llanto nos lo narran así los Tres Compañeros del Santo: «Un día caminaba San Francisco solo cerca de la iglesia de Santa María de la Porciúncula llorando y sollozando en voz alta. Un hombre espiritual que lo oyó, pensó que sufriría alguna enfermedad o dolor. Y, movido de compasión, le preguntó por qué lloraba. Y él le contestó: "Lloro la pasión de mi Señor, por quien no debería avergonzarme de ir gimiendo en voz alta por todo el mundo". Y el buen hombre comenzó, asimismo, a llorar, juntamente con él, también en alta voz» (TC 14).Este oratorio, sencillo y descarnado, aunque se haya acondicionado para capilla en tiempos recientes, forma parte de las más antiguas construcciones surgidas en torno a la Porciúncula. Una cerámica reciente, que se inspira en el San Francisco lloroso mandado pintar por Fray Jacoba de Settesoli en Greccio, quiere recordar el episodio.
CONVENTITO DEL SIGLO XIV MUSEO Y PINACOTECAEs lo queda hoy del vasto edificio construido en el lado derecho de la Porciúncula, un amplio cuadrilátero, demolido en gran parte cuando comenzaron los trabajos para la construcción de la Basílica de Alessi en el siglo XVI. Un doble y pequeño corredor al que dan las pobres y pequeñas celdas de los frailes; desde el pavimento destartalado e irregular hasta el techo, desde el ajuar pobre a los ventanillos que permiten el saludo del hermano sol, todo aparece como una verdadera joya de sencillez y pobreza; una gran reliquia del primer franciscanismo que nos reconduce con su lenguaje sencillo y descarnado a la primavera de la vida franciscana, que llenó con el perfume y la fragancia de la sencillez el mundo entero.Aquí vivieron frailes santos, algunos de los cuales son recordados en los cartelitos colocados al lado de la puerta de cada una de las pequeñas celdas.Hombres de oración, demacrados por la penitencia, ardiendo en el amor de Dios, parten de aquí hacia toda la tierra renovando la sociedad con su encendida palabra, pero sobre todo con su ejemplarísima vida evangélica y con el testimonio liberador de la pobreza franciscana vivida como don y alegría.En la planta baja del conventito se ha instalado el Museo con preciosos enseres sagrados y otros valiosos objetos. También, la Pinacoteca con una notable colección de cuadros, entre los cuales está una tabla con el retrato de San Francisco sobre madera (siglo XIII), del «Maestro de San Francisco», cuadro que es considerado como una reliquia porque sobre la tabla en que está la pintura fue depositado el cuerpo de Francisco después de su muerte; el Crucifijo de Giunta Pisano (1236) y un San Francisco atribuido a Cimabue; una Virgen de Sano di Pietro y otros frescos de dudosa atribución, tal vez de Guido Reni, de Mezzastris, etc.
CONVENTO DE LOS HERMANOS MENORESAdosado a la Basílica, en forma de amplio cuadrilátero que encierra un vasto claustro con árboles y un bello pozo atribuido a Alessi, ha crecido a lo largo de los siglos el Sacro Convento de la Porciúncula, primera iglesia de la Orden franciscana.El gran edificio del Convento está enriquecido en su interior con varias obras de arte, frescos de notable belleza y obras valiosísimas talladas en madera de nogal.Junto a la entrada del claustro, San Francisco que recibe los estigmas, fresco anónimo del siglo XVIII. En el refectorio pequeño, la Última Cena, de Pomarancio; en el refectorio grande, las Bodas de Caná, de Providoni, y un gran Crucifijo, de Dono Doni (1561). De Providoni son también los 38 frescos del claustro: episodios de la vida de San Francisco y de la historia del Perdón de Asís.En el mismo convento está instalada una importante Biblioteca con casi cien mil volúmenes, entre los cuales hay manuscritos litúrgicos, códices, incunables de gran valor; de gran valor histórico es también el Archivo de los Hermanos Menores de la Umbría.Adosada al lado izquierdo de la Basílica está la fuente de los veintiséis caños, mandada construir, junto con otros edificios aún existentes, por Cosimo dei Medici en 1450.
La casa sagrada de Francisco o 'Sacro Tugurio'
La iglesia de Rivotorto, la casa sagrada de Francisco o 'Sacro Tugurio' es un lugar de gran importancia franciscana, conservado al interior del santuario neogótico de Santa María de Rivotorto, construido para protegerlo después de un terremoto en el 1854. Se cree que este fuese el primer refugio de San Francisco y de sus compañeros, donde concibieron la primera regla de la Orden de los Frailes Menores. Aquí San Francisco tuvo la visión de un carro de Fuego en el Cielo, la escena ha sido pintada por Giotto y presente al interior de la iglesia.
Dentro de la iglesia de Rivotorto de Asís se conserva la Sagrada Casa, la primera residencia de San Francisco y sus compañeros.
Rivotorto es un pequeño pueblo, a 2,5 km de Asís, creció alrededor del Santuario que custodia los miserables restos de ese “tugurio” “anfitrión” donde San Francisco y sus compañeros encontraron un primer refugio permanente, tanto que por algunos es recordado como “la cuna de la Fraternidad Franciscana”. El nombre deriva del río, un arroyo que es cualquier cosa menos lineal (equivocado, torcido) que fluye cerca del Santuario del mismo nombre. La elección de este lugar no fue accidental: además del arroyo, cerca había un Leproso donde los primeros frailes podían llevar a cabo su servicio de asistencia a los enfermos. Por lo tanto, estos lugares son testigos de momentos importantes del “camino espiritual” de Francisco: el primer grupo de la comunidad, el servicio a los leprosos, la redacción de la Primera Regla o “forma de vida” que se presentó al Papa Inocencio III. Solo alrededor de 1210-1211 este lugar fue abandonado por la iglesia de la Porziuncola, tuvo como regalo de los benedictinos del Monte Subasio.
EL SANTUARIO DE RIVOTORTOEl elegante santuario de Rivotorto es un edificio de estilo neogótico que data de 1854, reconstruido para proteger la “Casina Sagrada” por la voluntad del Papa Sixto IV. De hecho, la iglesia original fue destruida por un severo terremoto de 1832 junto con el convento. Por encima del portal principal, las palabras “hic primordia Fratrum Minorum” recuerdan la tradición según la cual habría vivido aquí el primer grupo de frailes. En el interior, divididos en tres naves, decoran las paredes de la iglesia doce pinturas del siglo XVII de Cesare Sermei con episodios de la vida de Francisco. El Santuario fue incluido por la UNESCO en el año 2000 entre los monumentos “Patrimonio de la Humanidad”.
EL AGUJERO SAGRADOLa casucha sagrada dentro del Santuario se compone de dos pequeñas habitaciones con un techo bajo. Originalmente era una pequeña casupola, un cobertizo con un techo de ramas, utilizado como refugio de los campesinos locales, despojado de todos los muebles, tanto que para descansar los hermanos yacían en el suelo, con una piedra como almohada, para vivir el Evangelio en absoluta y rigurosa pobreza. Numerosos textos de las Fuentes Franciscanas que transmiten esta extraordinaria aventura. Una fuente autorizada es sin duda la vida anterior de Tommaso da Celano (1228) que describe las dificultades sentidas por los frailes durante la estancia (el texto latino original se informa de los curiosos que quieren probar suerte en la lectura, con la traducción a continuación):
“El beato Francisco solía reunirse con sus compañeros en un lugar cerca de Asís, llamado Rivo Torto. Aquí, refugiándose de las lluvias en una casa abandonada, vivían esos intrépidos descendientes de las grandes y hermosas mansiones. De hecho, como dice un santo, subes más rápidamente al cielo desde una casucha que desde un palacio. [..] Ese lugar era tan estrecho que apenas podían encontrar un asiento para ti o descansar. [..] (Francis) siempre se encargó de la santa simplicidad y no permitió la estrechez del lugar para evitar dilatar el corazón. Por lo tanto, escribió los nombres de los frailes en las vigas de la cabaña para que cada uno, cuando quisiera orar o descansar, reconociera su lugar sin la estrechez del lugar que perturba el recuerdo del alma.
EL MILAGRO DEL COMBATEEn la Legenda Maior, la biografía oficial de San Francisco de Asís, escrita entre 1260 y 1263 por San Buenaventura de Bagnoregio, además de citar a la Santa Casca, se cuenta de una visión milagrosa (IV,3) que tuvo lugar en medio de la noche por algunos frailes que residían en Rivotorto, mientras que Francisco vivió en Asís.
Traducción del latín: “En el tiempo en que los frailes se detuvieron en ese lugar, el santo entró un sábado en la ciudad de Asís para predicar en la mañana del domingo como solía hacer en la catedral. Mientras el hombre dedicado a Dios, como de costumbre, pasaba la noche rezando en una casa situada (en Asís) en el jardín de los cánones, físicamente lejos de sus hijos, aquí era alrededor de la medianoche, en el momento en que algunos frailes dormían y otros continuaban orando, un CARRO DE FUEGO de admirable esplendor coronado por un globo brillante similar al sol, iluminaba la noche y, entraba por la puerta de su casa [..] El Señor les mostró al santo padre ausente con el cuerpo, pero presente con el espíritu, transfigurado en esa imagen, irradiado por los resplandores sobrehumanos e inflamado por los ardores celestiales por la intervención divina, sobre ese carro brillante y al mismo tiempo ardiente.
La escena de la visión fue pintada admirablemente por Giotto en el ciclo de frescos de la basílica superior de San Francesco di Assisi, entre 1295 y 1299. Pero incluso en la fachada de la iglesia de Rivotorto es posible admirar la representación del milagro, en un mosaicomosaico de 1955 presente en el nicho justo debajo del tímpano.
Lugar de paz y milagros
La Iglesia de San Damián, después del eremitorio de las cárceles es el lugar que más transmite paz de Asís, aquí es donde, según la leyenda el Crucifijo habló a San Francisco y es también el lugar donde murió Santa Clara. Otro anécdota interesante que propio delante a este lugar sobre una roca más alta, Santa Clara hace retroceder el ejército Sarraceno, hay también la pintura en su basílica.
Fuera de las murallas de la ciudad, no lejos de Porta Nuova, se encuentran el convento y la iglesia de San Damián.
En este lugar, rodeado de olivos, Santa Clara y San Francisco vivieron momentos clave de su vida consagrada.
Santa Clara fundó aquí la orden de las Clarisas, llevando una vida de clausura, y vivió allí durante muchos años hasta su muerte el 11 de agosto de 1253. Es en San Damián donde la tradición sitúa el episodio milagroso en el que, mediante la oración, se dice que detuvo el avance de los sarracenos.
El interior del edificioEn el interior del edificio, se pueden admirar diversas estancias de uso cotidiano de la abadesa: el coro donde rezaba, el oratorio cubierto con bóveda de cañón, el dormitorio —una cruz en la pared marca el lugar donde Clara expiró— y el refectorio, cuya mesa indica el asiento que ocupaba la santa durante las comidas.
San Francisco también frecuentaba la iglesia: fue la primera de las iglesias que restauró tras su conversión; huésped del convento durante su enfermedad, en los últimos años de su vida escribió allí el Cántico de las Criaturas.
El complejo y el pórticoEl complejo está documentado desde el siglo XI. Está bordeado por un pórtico y presenta una fachada a dos aguas con un óculo descentrado y una pequeña puerta en la parte superior izquierda, desde la que se dice que Santa Clara se apareció para ahuyentar a las tropas sarracenas.
En el pórtico, cabe destacar la Capilla de San Jerónimo, con frescos del pintor Tiberio de Asís en el siglo XVI. En el claustro del siglo XVI se pueden admirar dos escenas más, pintadas por Eusebio de San Giorgio en 1507: la Anunciación y San Francisco recibiendo los estigmas.
El interior de la iglesiaEl interior de la iglesia consta de una sola nave, rematada por un pequeño ábside semicircular, con un coro de madera y, sobre el altar, una copia del Crucifijo que, según la leyenda, habló a San Francisco (el original se conserva en la Basílica de Santa Clara).
Quedan restos de pinturas en las paredes, lo que sugiere que el edificio estaba completamente decorado con frescos; se conservan los del nicho, obra de un pintor local del siglo XIV, donde, según la tradición, el joven Francisco arrojó el dinero que el sacerdote rechazó para comenzar la renovación de San Damián.
Milagro del Lobo
Aquí San Francisco se topó con un lobo que mataba animales y hombres, y lo amansó.
La tradición remonta su construcción al año 853, durante el episcopado de Erfo, en memoria de una victoria sobre los sarracenos. Sin embargo, la verdadera fama de esta pequeña iglesia está ligada al episodio del encuentro entre San Francisco y el lobo de Gubbio, narrado en el relato XXI de los Fioretti.
De hecho, la tradición cuenta que en este lugar, alrededor de 1220, San Francisco se topó con un lobo que mataba animales y hombres, y lo amansó.
San Francisco obtuvo el uso de la Iglesia de Vittorina del obispo de Gubbio, Beato Villano, en 1213, también con el consentimiento de los benedictinos, quienes se beneficiaron de ella, para crear el primer asentamiento de los frailes franciscanos, quienes se trasladaron unas décadas más tarde (1241) al Convento de San Francisco construido en la ciudad (1), dejando la estructura a las monjas Clarisas.
En 1267, había nueve monjas en la Vittorina que enriquecieron sus bienes y su prestigio a través de varios legados, incluido el del abad Giovanni, quien les dio el hospital y la iglesia de San Nicolò di Portale en un arrendamiento de 39 años, así como legados y donaciones, así como oblatas, lo que llevó al aumento del número de monjas a 26 en 1364.
De las fuentes canónicas sobre los asentamientos franciscanos en Gubbio, sabemos que en 1514 las monjas de la Vittorina se agregaron a las de Sant'Antonio y, aunque transferidas, continuaron siendo propietarias de la iglesia en la que se siguieron realizando algunas obras, como las obras pictóricas en el arco del altar, documentadas alrededor de 1517.
En 1606, el papa Pablo V otorgó a la Compañía de la Vittorina indulgencias "utriusque sexus" extendidas a quienes visitaron la iglesia "in festivitate Maternitatis…..Sanctae Mariae Virginis”.
En 1639, se pintaron los frescos que representan diez historias franciscanas en la capilla derecha. En 1911 se intentó una restauración inicial de los frescos, pero no tuvo éxito. Sin embargo, la restauración propiamente dicha se llevó a cabo entre 1934 y 1936 por el Municipio y la Superintendencia.
Las obras incluyeron, en particular, la retechadura del tejado, la reconstrucción del suelo y la restauración de los frescos de la nave y la sacristía. En 1948, la Vittorina fue devuelta a perpetuidad a la Orden Franciscana por el obispo Beniamini Ubaldi, y el 4 de agosto de 1957, la iglesia fue reabierta solemnemente al culto.
Los frescos fueron restaurados posteriormente en 1982, con motivo del octavo centenario del nacimiento de San Francisco, y en 1999, mientras que el portal de arenisca fue restaurado en 2007.
El parque que lo rodea, con olivos y otras plantas, fue creado a principios de los años 90. Un bajorrelieve de bronce que representa el encuentro entre San Francisco y el lobo se colocó frente a la iglesia en 1973. La obra fue creada por el escultor Farpi Vignoli de Bolonia, por encargo de la Asociación Maggio Eugubino.
Una estatua de bronce que representa el encuentro entre San Francisco y el lobo se inauguró y colocó en las inmediaciones de la iglesia el 7 de abril de 2002. La obra fue creada por el escultor Francesco Scalici, por iniciativa de un comité ciudadano espontáneo coordinado por Giammario Flamini.
Desde la Navidad de 1988, para conmemorar a San Francisco como el "inventor" del primer belén (en Greggio, Rieti, en la Navidad de 1223), el belén de Vittorina se ha creado cada año en el parque que rodea la iglesia para celebrar la Natividad del Señor, como enseñó el santo, en uno de los lugares más importantes del franciscanismo.
Tumba de San Carlo Acutis
Es aqui donde San Francisco hizo su renuncia,dejó su vida mundana y la de guerrillero, se desnudo de lo material para abrazar lo espiritual. En esta iglesia encontramos tambien los resto mortale del Joven Santo Acutis.
El nuevo Santuario tiene raíces centenarias. Destaca a un Francisco que aún no estaba rodeado de sus frailes. Un Francisco anterior al franciscanismo. Cuando se produjo su renuncia, era apenas un joven de esta ciudad, hasta hace poco rey de las celebraciones, un joven juerguista entre las multitudes alegres, y ahora, finalmente, un amante de Cristo. Un joven que luchaba con la incomprensión de su padre, en medio de las pasiones de su familia y su ciudad. Este Santuario pertenece quizás más que ningún otro a la historia de Asís: todavía se encuentra completamente dentro de los muros de la ciudad, antes de que el carisma de Francisco desarrollara su ímpetu misionero por los caminos del mundo, recibiendo el sello de la Iglesia universal. El joven Francisco y el obispo Guido: una pareja singular de hombres de Iglesia que fueron, juntos, cómplices del Espíritu. En la carta que me envió, el Papa considera la naturaleza ejemplar de su relación, pidiendo a la Iglesia de nuestro tiempo que abrace la causa de los jóvenes, los valore y los acompañe. El futuro se construye así, en esta complicidad espiritual hecha de cuidado, discernimiento y aceptación. Dentro del icono de la renuncia se encuentran significados que afectan a la vida espiritual y pastoral, e incluso a la vida social y económica.
Iglesia de Santa María la MayorSegún la leyenda, la iglesia de Santa María la Mayor, la primera catedral de la ciudad, se construyó en el siglo IV por orden de San Savino, segundo obispo de Asís, sobre una casa romana, la domus de Propercio, y probablemente se amplió en el siglo IX, la misma época de la que data la cripta. En 1035, el título de catedral pasó a la Basílica de San Rufino, construida por el obispo Ugone hacia 1029, donde se conservaban las reliquias del santo patrón.
Posiblemente destruida en un incendio, la iglesia fue restaurada en el siglo XII por Giovanni da Gubbio, como consta en la inscripción grabada en el rosetón: «DOMINI 1163 IHOANNES FECIT» (quizás Giovanni da Gubbio, el mismo arquitecto que construyó la Catedral de San Rufino). Posteriormente, en 1216, se reconstruyó el ábside, lo cual quedó registrado en una placa con los nombres, entre otros, del obispo Guido y Francesco, y se repitió en una inscripción pintada en la tribuna. Lamentablemente, se perdió en el terremoto de 1832, cuando se derrumbaron la cubierta y la nave derecha. En 1938, la iglesia se consolidó y la fachada adquirió su forma actual.
La sacristía de la iglesia también está decorada: en un nicho hay frescos de la Natividad, Cristo bendiciendo, Santa María Magdalena, San Pedro, San Rufino y Santa Catalina de Alejandría, obras que datan del siglo XIV.
Obispo GuidoSí, el Espíritu de Dios, como en Pentecostés, obra en las palabras y los gestos de Francisco. Pero también se vislumbra en el discernimiento de Guido: «El obispo, al ver esto y admirar al hombre de Dios en su fervor desbordante, se levantó inmediatamente, lo abrazó entre lágrimas y, compasivo y bueno como era, lo cubrió con su propio palio». Un contexto trinitario perfecto. Relaciones eclesiales ejemplares. Pocas veces, en la historia de la Iglesia, la institución y el carisma han encontrado tanta inmediatez. Francisco y Guido son ambos «cómplices del Espíritu». […] La figura paternal, e incluso podríamos decir maternal, del obispo nos introduce en otra dimensión: la perspectiva eclesial. Francisco destaca, en la historia de los movimientos evangélicos de su tiempo, por no haber puesto nunca el amor a Cristo en tensión con el amor a la Iglesia. Y esto no se debía a que desconociera las limitaciones que marcan la vida de la Iglesia, incluso en sus ministros. Pero en la Regla, como en el Testamento, es perentorio: a los ministros de la Iglesia, incluso a los menos ejemplares, se les debe garantizar el máximo respeto. Sospecho que esta profunda convicción estuvo influenciada por la relación especial que tenía con el obispo Guido. El fresco de Giotto captura el momento en que el obispo lo envuelve en su manto, mientras Francisco alza la mirada al cielo. Hay algo bautismal en este gesto. Francisco renace, como el día en que fue sumergido en las aguas del bautismo. Incluso en el fresco que se puede admirar en la Sala de la Renuncia, hay una inspiración maternal: el obispo extiende sus brazos al joven que se abandona a él como un hijo. Una hermosa experiencia de la Madre Iglesia. El icono de la renuncia resalta así dos dimensiones inseparables de la espiritualidad de Francisco: la radicalidad evangélica y la pasión eclesial.
Padre nuestro que estás en los cielos - El despojo de FranciscoEn el episodio del despojo, una palabra es decisiva: «Hasta ahora te he llamado, Padre mío, en la tierra: desde ahora puedo decir con plena certeza: Padre nuestro que estás en los cielos». Pietro di Bernardone tiene la mirada sombría de un padre derrotado y enojado. Su lugar lo ocupa la ternura del Padre celestial. Para Francisco, el Padrenuestro dejó de ser una «fórmula»; se convirtió en la piedra angular de su existencia. El estupendo fresco de Giotto muestra sus brazos elevándose hacia el cielo, donde la mano del Padre lo atrae: un encuentro místico en el corazón de la Trinidad. Francisco, de alguna manera, asume los rasgos de Cristo. En sus labios florece el Abba, inspirado, en lo más profundo de su corazón, por el Espíritu Santo (cf. Gál 4,6; Rm 8,15). […] El padre se marcha con un escaso botín de posesiones que ahora han perdido todo valor para Francisco. Una familia destrozada. Es triste que, de un acontecimiento de gracia, la familia de Francisco salga tan duramente puesta a prueba. Seamos claros: la familia es un valor supremo. Un mandamiento específico de Dios regula la relación entre padres e hijos: «Honra a tu padre y a tu madre». Lo que Francisco rechaza no es la relación amorosa con su padre, sino el ídolo que lo amenaza, el dios del dinero, con su lógica de poder y gloria, al que Pedro intentó someterlo. Al mismo tiempo, yendo más allá de los afectos terrenales, Francisco demuestra cómo el Evangelio puede generar un nuevo tipo de familia. «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? […] El que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mc 3,33-35). El hijo de Pietro di Bernardone es ahora desheredado y abandonado por su familia natural. Pero no tardará en florecer una familia espiritual a su alrededor. Bernardo, Pietro, Silvestro, Egidio —sus primeros compañeros de Asís— y muchos otros. La respuesta de Dios —casi un regalo de bodas— a su privación. Nace la fraternidad franciscana, cuyo ideal será vivir «según la forma del Santo Evangelio». Es significativo que en el Aula de la Renuncia, en la pared paralela al fresco de la renuncia, se represente el don de la Porciúncula, hecho por los benedictinos a Francisco. Un hilo conductor ideal conecta el Santuario de la Renuncia con la Porciúncula. La Porciúncula: lugar de contemplación y, al mismo tiempo, laboratorio de fraternidad. No es casualidad que nuestro proyecto diocesano de renovación de parroquias con pequeñas fraternidades —las Comunidades de María Familia del Evangelio—, arraigado en la experiencia de Jesús y la comunidad cristiana primitiva, encuentre su inspiración precisamente en la Porciúncula.
Salón del DesnudezMe animó a centrarme en este “icono” la visita que el Papa Francisco hizo a Asís el 4 de octubre de 2013, donde también se detuvo en la Sala de la Renuncia.
Fue una fecha histórica para el redescubrimiento de ese singular acontecimiento en la vida de nuestro santo. La tradicional visita a los lugares franciscanos de nuestra ciudad lo había marginado bastante, a pesar de que se le dedicó un impresionante fresco en el ciclo de Giotto de la Basílica Superior, y a pesar de sus numerosas recreaciones biográficas y cinematográficas. La misma sala del palacio episcopal donde solemos revivir el evento, y que lo conmemora con una pintura atribuida a Cesare Sermei, llevaba, hasta hace unos años, el nombre inapropiado, e incluso engañoso, de Sala del Trono, en referencia a un baldaquino que la decoraba. En los últimos años, ha habido un constante proceso de redescubrimiento. De ahí el nuevo nombre.
El lugar de las Estigmas
Es aquí donde San Francisco retirado en oración recibe en don la más alta manifestación del Cristo, no se presenta más trámite visiones o crucifijos, aquí el Verbo hecho Carne se hace sentir en su cuerpo, dándole los signos de su Pasión.
San Francisco se retira sobre el monte de la Verna para un tiempo de oración y silencio en el verano del 1224. Pide a Dios de poder compartir plenamente la Pasión de Cristo. Dios escucha su petición y se le aparece como un serafín crucificado.
A esta vista Francisco fue relleno de estupor y en su ánimo había, al tiempo mismo, dolor y gozo. Probaba una alegría sobreabundante viendo a Cristo en aspecto benigno, aparecérsele en modo tanto admirable cuanto afectuoso pero al mirarlo así clavado a la cruz, su alma era herida por una espada de compasivo dolor.
Después de un arcano e íntimo coloquio, cuando la visión desapareció, dejó en su alma un ardor seráfico y, en el mismo tiempo, dejó en su carne los signos externos de la pasión, como si hubieran sido impresos de los sellos sobre el cuerpo, hecho tierno por la fuerza fundente del fuego.
Súbitamente comenzaron a aparecer en sus manos y en sus pies los signos de los clavos; en el hueco de las manos y en la parte superior de los pies aparecían las cabezas, y de la otra parte las puntas. El lado derecho del cuerpo, como si hubiera sido atravesado por un golpe de lanza, era surcado por una cicatriz roja, que a menudo emitía sangre. (San Buenaventura, Leyenda Mayor)
Este evento y su ejemplo de vida son preciosos dones que Francisco ha dejado a los frailes de la Verna y a todos los visitantes de este lugar.
El Santuario y la NaturalezaEl Santuario de la Verna es un lugar sacro engastado en el corazón del Parque Nacional de los Bosques del Casentino, en la espléndida región toscana. Este santuario es famoso por ser el lugar de las Estigmas de San Francisco de Asís en el 1224. Situado entre los bosques del Parque Nacional, el Santuario de la Verna regala a los visitantes panoramas impresionantes y una conexión profunda con la naturaleza. Las montañas circundantes, entre las cuales el Monte Penna, ofrecen senderos pintorescos y posibilidades de excursiones inolvidables. Los bosques ricos de fauna y flora representan un santuario natural de rara belleza.
Arte y EspiritualidadAdemás, el Santuario de la Verna es enriquecido por las espléndidas terracotas vidriadas de Andrea della Robbia, que decoran las paredes y los altares del santuario. Estas obras de arte renacentistas representan escenas sacras y símbolos religiosos, creando una atmósfera única de devoción y espiritualidad.
Los Bosques y el Árbol RecordLos bosques alrededor ofrecen una gran variedad de especies arbóreas, entre las cuales hayas, castaños, robles y abetos que forman un maravilloso mosaico de colores y perfumes. Estos árboles seculares crean un ambiente único, caracterizado por una atmósfera tranquila y envolvente, y entre de ellos el abeto blanco “Carlo Acutis” que con sus más de 51,85 metros de altura es el árbol autóctono más alto de Italia.
El MuseoEl Museo expone valiosos corales miniados del XV° siglo, enseres litúrgicos, paramentos y pinturas. Particular relieve tienen un bellísimo crucifijo lígneo polícromo y un busto en cerámica atribuidos a Andrea della Robbia. El recorrido se concluye, después de una sala dedicada a la antigua farmacia y al laboratorio de especiería del Santuario, con el ambiente más característico del museo, el fuego común.
Eremitorio Franciscano
Situado en un Bosque Sagrado es un lugar muy querido a San Francisco y entre los primeros asentamientos franciscanos elegidos y queridos por el Santo, el Eremitorio es un lugar de inmensa espiritualidad, que transmite emoción y maravilla. Vistas paisajísticas de antiguo pesebre, arquitecturas complejas excavadas en la roca, puentes suspendidos sobre exuberantes arroyos de montaña: reencontrar la paz de los sentidos, en este lugar, no es una empresa ardua.
Imponente como un complejo museal, el Eremitorio Franciscano Le Celle de Cortona hospeda, desde el 1537, el orden de los Frailes Capuchinos que reportaron el lugar al antiguo esplendor después de un periodo de abandono. Si estáis deseosos de transcurrir del tiempo en un lugar místico, a estrecho contacto con la naturaleza y vuestro yo más profundo, dejaos acompañar en esta experiencia.
El convento de "Le Celle" constituye uno de los primeros asentamientos franciscanos elegido y querido por Francisco de Asís.
Encontrado predicando cerca de Cortona en 1211, como su costumbre, Francisco pidió y obtuvo un lugar donde poder retirarse en oración. Un joven noble de la ciudad, Guido Vagnottelli (que luego se convertiría en el "Beato Guido", uno de los primeros compañeros del Poverello de Asís) le ofreció lo que a principios del siglo XIII. debía parecer un lugar áspero y sobre todo sin ningún asentamiento humano. Francisco sin embargo lo eligió por la soledad que le daba, pero sobre todo porque expresaba particularmente su Señor. En el lugar donde ahora se levantan "Las Celdas", de hecho, encontró los vestigios del Redentor: el agua, signo de Cristo agua viva; la piedra, signo de Cristo roca sobre la que edificar su vida; una hendidura en la montaña, memoria de las heridas del Señor Jesús, tantas veces anheladas por Francisco, para revivir en su cuerpo el amor que el Señor había nutrido y nutre por cada hombre en su pasión.
Todo hace pensar que desde su primera estancia, dejó en el lugar llamado de "Le Celle" un pequeño grupo de frailes a la custodia de un sitio para él, inmediatamente, tan querido.
En 1215 Francisco, según un testimonio fiable de la época, vuelve de nuevo a "Le Celle", para pasar la Pascua, después de haber vivido la cuaresma en la isla mayor del lago Trasimeno. El, perfecto imitador de Cristo, en aquella ocasión había traído consigo solamente un pan del cual no se alimentó sino el último día y de un solo bocado, para decir su consciente miseria respecto a su Señor quien, En cambio, en el desierto, durante cuarenta días y cuarenta noches no tomó ni comida ni bebida.
Muchas otras veces Francisco debe haberse detenido en "Le Celle" situadas en la carretera que de Asís sube hacia la Toscana, y sin embargo de ninguna otra tenemos testimonio salvo de una última y tan importante. Estamos en 1226. Es el año de la muerte de Francisco. Los estigmas ya marcan su cuerpo desde hace dos años, cuando el 17 de septiembre de 1224, en el monte de la Verna, un Serafín le dio a saborear el inmenso amor de Dios. Según sus biógrafos, en primavera estaba en Siena, tal vez para recibir tratamiento médico. Sus condiciones parecían desesperadas, tanto que los compañeros del Santo le piden que escriba el testamento y él con pocas y simples palabras lo dictó. Pero aún no era su hora. Las condiciones probablemente mejoren.
Los compañeros deciden de traerlo de vuelta a Asís, donde todo había comenzado y donde todo debía terminar. Y fue así que, para hacer más soportable el viaje, Francisco hizo nuevamente parada en “Le Celle”, una última vez, para una última prueba de aquella comunión con Dios, que aquel lugar le había tantas veces reservado.
Fue entonces que, en seguida a una permanencia quizás prolongada, en el secreto de su hendidura en la roca, Francisco repiensa o quizás incluso inicia a escribir su Testamento. No aquel de Siena, tan conciso, sino la suprema reafirmación de su experiencia de vida, a la búsqueda de Dios. En “Le Celle”, en un lugar desde entonces marcado por el misticismo y por la contemplación del Altísimo.
Francisco luego reparte, hacia su dies natalis que se consumará el 3 octubre del mismo año, recostado “desnudo sobre la desnuda tierra”, a conclusión de una vida gastada en el buscar el único gran tesoro: Jesús.
Pero para las Celle no es el fin. Fraile Elías, Ministro general de la Orden de los Menores a la época de la muerte de Francisco, originario de Cortona, recuerda el lugar en el cual el Pobrecillo amaba transcurrir en el silencio sus permanencias cortonesas y, de buen arquitecto cual es, en el 1235 comienza a construir la primera porción del santuario. Construye en mampostería la Celda y el Oratorio de S. Francisco. Por encima edifica un pequeño refectorio y cinco celditas de las dimensiones de la celda del Santo, donde él mismo transcurrirá la última parte de su vida.
El pequeño eremitorio permanece así, habitado por los frailes, por cerca un siglo, hasta cuando la propiedad pasa a la diócesis y por cerca 200 años fue prácticamente deshabitado, aunque si no completamente abandonado.
Fue solo en el 1537 que, ya saciados de una así larga ausencia de los frailes, el Obispo llamó, a hacer revivir aquella pequeña porciúncula, a los Capuchinos, la última de las reformas franciscanas, aprobada pocos años antes, en el 1528.
Los nuevos llegados comprendieron enseguida la importancia del lugar y quisieron hacer de ella la casa de Noviciado de la Provincia toscana. Faltaban sin embargo los espacios, así que se puso de nuevo mano a los instrumentos del trabajo: a la madera, a las piedras, al cemento; y se comenzó a construir la actual iglesia conventual y el pasillo del noviciado, en alto, paralelamente a la montaña. El pasillo contenía 20 celditas, siempre de dos metros por dos, para la acogida de los novicios, a fin de que en la pobreza de las estructuras, ellos viniesen formados a la esencialidad de la vida religiosa.
“Le Celle” permanecerán casa de noviciado por cerca cinco siglos, lugar de plegaria y de testimonio de vida evangélica y fraterna. Lugar de silencio y de búsqueda de Dios. Lugar de austeridad y de crecimiento humano y espiritual, a la escuela del Pobrecillo de Asís.
Actualmente el convento de “Le Celle” ha sido constituido “casa de plegaria”. Lugar en el cual continuar la secular tradición de búsqueda de Dios, a través de la oferta de la propia vida en la simplicidad y en la alegría; lugar en el cual buscar de revivir y de hacer revivir un poco de aquella beatitud que Francisco, 800 años hace, viniendo de la paludosa Valdichiana, ciertamente entrevió, mirando una pequeña herida en la roca, con vistas a un susurrante curso de límpida agua.